Por Jose María Sendra.

El martes se conocía que Romina Fernández la joven uruguaya que Gabriel “El Toro” Fernández atropelló en diciembre de 2018, fallecía tras una larga lucha por las heridas consecuencia del ya atropello mortal. La empatía lógica nos dirige a la familia de la joven uruguaya, pero no me gustaría ser Gabriel, no me gustaría estar en su piel, ni pasar por su cabeza llena de pensamientos que seguro repiten aquella noche una y otra vez.

Portland vivía el fin del proyecto de Sabonis, Pippen y Mike Dunleavy allá en la primavera del 2000. Un equipo que entró en el último cuarto del séptimo partido de la final de la conferencia Oeste de ese año 2000 ganando de 13 a los Lakers de Kobe y Shaq, y se deshizo como un azucarillo para terminar claudicando ante la fiebre amarilla. A partir de aquel desastre nacieron los Portland Jail Blazers y los estertores de aquel proyecto comenzaron. El talento es una condición caprichosa, y a veces su combustible son los problemas de disciplina y orden y así se consumieron los Jail Blazers.

Shawn Kemp acabó su carrera enredado en problemas con la cocaina, Damon Stoudamire y Rasheed Wallace detenidos por posesión de marihuana, Zach Randolph y Bonzi Wells fueron cazados llegando en estado de ebriedad a entrenamientos  y randolph repitió y  fue acusado de asaltar a su exmujer absolutamente borracho y por terminar con los múltiples ejemplos Qyntel Woods fue acusado de  y organizar peleas de perros y se abandono y maltrato animal.

En nuestra delantera digna de los primeros 2000 en Oregón, Santiago Mina vive pendiente de la citación judicial, los hechos acaecidos en junio de 2017 en el road trip que decidió emprender junto a Goldar por la costa de Almería, seguro que retumban en la cabeza del delantero vigués, asumiendo la presunción de inocencia como principio básico.

Dábamos vueltas  a estos temas pensando en como es posible que el celta ejecute dos altas para la misma posición, ambos con problemas tan graves en la misma ventana de fichajes,  pensamos que era inimaginable que cualquier gran empresa con presupuestos superiores a las decenas de millones de Euros no realice investigaciones sobre asuntos que pueden y deben afectar al rendimiento de una persona, asuntos como homicidios involuntarios o acusaciones de violación.

Sin embargo, uno se asombra más cuando todos, prensa, aficionados, clubes y los llamados entornos somos capaces de aceptar el silencio y ver pasar elefantes por nuestra habitación sin mencionar estos casos sólo porque son deportistas de élite. 

Quizás desde las olimpiadas de la antigua Grecia, cuando Corebo de élide ganó en pelota picada la primera carrera de velocidad o stadion y comenzó a escribirse la cronología de los grandes campeones tenemos la necesidad como sociedad de proteger a estos ídolos endiosados que son los deportistas, y casi 3.000 años después no hemos sido capaces de deshacernos de ese estigma.

Y tratamos de obviar o justificar los pies de barro de los hombres y mujeres que hemos colocado en nuestro Olimpo para  no caer con ellos, para no acercarnos a un espejo que muestre una cara perversa del ser humano que preferimos no reciba altavoz.

O quizás por que al talento deportivo todo se lo perdonamos, incluso las bajezas y crímenes por las que lapidaríamos públicamente a cualquier profesional de otro sector.

Los casos del Toro y Santi Mina, llevan asombrándome desde verano. Cómo una sociedad capaz de realizar flash mobs acusando a todo un género de potencial violador, que habla de estos temas con la banalidad con la que asaltamos cualquier asunto estos días es capaz de pasar de puntillas ante las situación judicial de los dos delanteros centros con los que el Celta comenzó la temporada.

Quede escrito, que ojalá ambos casos traigan la máxima luz, y que tanto Mina como el Toro reciban el trato que merecen de parte de la justicia y que sea ella la que aporte el orden y la disciplina que el talento a veces pretende olvidar.

2 COMENTARIOS

  1. Excelente artículo José María. Leyéndolo también me ha llevado a una reflexión. Kobe Bryant. Desde luego, su fallecimiento en circunstancias tan trágicas (junto al resto de ocupantes) desató una mezcla de sentimientos entre los recordábamos su delito en Denver y sus últimos años de redención. Existe eso entonces ? Es posible o incluso justa tener redención? Y para quién es justo ?

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