El entrenador celeste advierte que «cualquier error puede ser complicado de solucionar» en el definitivo choque de mañana en Cornellá
Veinticuatro horas pueden pasar en un suspiro, en el tiempo de un bostezo intrascendente. Pero también pueden caer muy lentamente, como la arena de un reloj. Algo así deben sentir hoy los celtistas, a la espera del último partido, el que marca el final, el que no admite margen de error. Y en esas andan buscando algo a lo que agarrarse. Tal vez la valentía a la que alude el míster: «Jugar con miedo es lo peor que hay en el fútbol«.
Ese mismo miedo que parece tener atenazado a un equipo que hace tres semanas tenía la salvación entre sus dedos, anunciaba la renovación de Óscar García, y comenzaba a preparar el año próximo, ya casi inmediato por esas cosas que tiene el Covid. Y si embargo aquí sigue, a expensas de los últimos 90 minutos de un curso eterno. «Todos sabemos desde hace tiempo lo que nos estamos jugando y al jugador que no crea tenemos que apartarlo. Quiero jugadores valientes a los que no les dé miedo», incide García Junyent.
El entrenador celeste lo tiene claro: el choque de mañana es «a partido único», por lo que «cualquier error puede ser complicado de solucionar«, motivo por que ha llamado a la responsabilidad de los suyos.
«Quiero poder mirarles a la cara y que me miren a mí y saber qué jugador está dispuesto a darlo todo por esta camiseta y por este escudo«, insiste Óscar García, al tiempo que evita pronunciarse sobre el duelo de Butarque. Aquella es otra historia, otra pelea que en nada afecta si el Celta hace sus deberes: «Tenemos que hacer nuestro trabajo». Tan fácil. Tan difícil.

