Leer las crónicas del Celta en VigoHoy es como degustar literatura y pensar a su vez sobre eso de la vida. Su lectura me sirve para visualizar un partido que no he visto, porque este fútbol sin hinchas cada día merece menos la pena. No se aguanta ni para distraerme mientras ordeno con paciencia y resignación la ropa recién lavada. Ni para eso sirve ya este negocio entre accionistas aislados del populacho que se desvive por unos colores.
Me quedan esas palabras ordenadas con esmero por el artículo, y así intuir el sentido del juego en medio de la sinrazón de los mandatarios de la Liga y la Federación. Repleto de adjetivos dignos que retratarían a grandes personajes de Balzac, mientras el ritmo del texto dribla ágil de aquí para allá, al son de la pelota, rajando de ese maldito invento arbitrario del VAR o de esos jugadores perdidos por el verde. Estas palabras de la crónica se convierten en un ejercicio mental para reencontrarse con la esencia del juego y no destripar con todo el tedio de acarona a ese fútbol que se juega sin su alma: los hinchas.
Este invento del fútbol del Covid, desesperanza del socio si los resultados te van ahogando a un pozo oscuro, negro, claustrofóbico, de derrota en domingo y entre semana, que va oliendo a tragedia. O, si los goles destripan la red, se vive con la tranquilidad de que la vida, después de una victoria, se palpa más alegre.
Y más ahora, si las pócimas de «Chachismo« empiezan a oler a esperanza e ilusión celeste, después de años de quilogramos de insipidez, con toques amargos y algún que otro aroma fatal de descenso en el cogote, que provoca arcadas soporíferas. Por si lo han olvidado, un sabor horrible, ese de hundirse al pozo en mayo, créanme.
Por eso, ese breve artículo (perdón por mi tardanza pero los quehaceres diarios apremian, a veces), se afana en salir del horno, porque descubro que el domingo regresa O Noso derbi.
Un derbi especial, esperado. El orgullo vigués de esos jóvenes celtiñas dispuestos a comerse al gran rival en el barro de Riazor. Da igual el 0-3 contra el resucitado Compos. Es un regalo del cielo. Y habrá que aprovecharlo, digo yo. Ganen o pierdan de goleada, (que por algo los otros son los favoritos) la fiesta de la cantera del Celta pasará a la posteridad cuando se explique con sorna de nietos a hijos esta hazaña del Celta B, que le tocó pelear por tres puntos en O Noso derbi de verdad.
Domingo 13 de diciembre a las 17.00. Día marcado en rojo en el calendario. No sé si podré verlo. Pero esperaré con ansia la crónica en VigoHoy.

