Muerte impuestos y un fallo de Hugo Mallo

Mallo pone un centro en un partido del Celta. Foto: RC Celta

«Por el otro lado, el rival sólo necesita cargar la banda derecha celeste, como la muerte y los impuestos el fallo de concentración, de calidad defensiva o de físico de Hugo Mallo, llegará»

Esta semana la cuenta oficial de la FIBA publicaba tras la victoria de la selección española de baloncesto en cuartos de final la siguiente frase:Ddeath Taxes and Spain in the eurobasket semifinals.

La selección que ha dirigido Scariolo entre 2009 y 2012 y desde 2015 ha ganado con una de las sumas de talento más despampanantes de la historia de la canasta, lo ha hecho con equipos más compactos pero aún con individuos diferenciales en plantilla, y lo hace ahora en 2022 con un grupo de jugadores absolutamente desconocidos para el gran público .

Competir siempre, estar continuamente rindiendo justo en los límites en los que las cosas buenas, los cuentos de hadas como dice el genio de Brescia, pueden suceder.

El sábado el Celta comenzó el partido sufriendo la cobardía y la falta de vergüenza de González Fuertes, que hace unos meses en Balaídos no tuvo reparos en visitar el VAR y señalar hasta 3 penas máximas al equipo visitante, al Real Madrid.

Siguió ilusionando Larsen, aupado por la lamentable salida de balón de los centrales valencianistas, no supo el joven noruego ni tampoco Iago convertir, y al igual que en el Calderón la semana pasada, llegó el castigo.

Para ser peligroso el Celta necesita saltarse su medio campo, Beltrán es lo que es, Tapia parece que nunca más será aquel jugador de su primer año en Vigo , y Óscar está evidentemente fuera de sitio, lo malo es que al Chacho las evidencias se le escapan tanto como a Luis Enrique.

Por el otro lado, el rival sólo necesita cargar la banda derecha celeste, como la muerte y los impuestos el fallo de concentración, de calidad defensiva o de físico de Hugo Mallo, llegará.

A Hugo lo quisieron sentar los García Junyent, lo hicieron y el revuelo orquestado por prensa y club fue una performance digna de la política actual.

El fútbol no está apartado, como cualquier actividad, de las dificultades de las relaciones humanas, ser capaz de nacionalizar a Lorenzo Brown y aguantar el chaparrón porque pensaba Sergio Scariolo que era lo que necesitaba no fue seguramente fácil, sentar en el banquillo,  tomar la decisión, hablar con Mallo sobre su rendimiento es algo que el Chacho no parece querer afrontar, como hacer un cambio en su rotación, como mover el banquillo, la ‘chachoneta’ gripa cuando el plan inicial no funciona.

El pasado año el Celta recibió 19 goles por su banda derecha, una sangría que este año parece que va a reventar ese récord. En la Liga Santander el club celeste es el único que no ha descubierto su debilidad más flagrante, o quizás sí lo ha hecho y no hay valor para solucionarlo.

Ser hombre de la casa, capitán siempre valiente con los de fuera y ajeno por completo a la autocrítica, ser uno de los más pesados pesos del vestuario ha convertido a Hugo en una vaca sagrada que nadie más se va a atrever a tocar.

La institución, esclava de sus guerras con la ciudad y la afición, presa de sus malas decisiones deportivas, sigue secuestrada por la familia Mouriño y sus protegidos, por un ambiente enrarecido en el que todo es cuestionable y todo supone sobrerreacción y guerra.

Mientras el equipo deambula año tras año con el Chacho en la placidez de la intrascendencia deportiva, esperando que haya 3, 4 o 7 peores y no sufrir como objetivo, dejando que sea la corriente de la liga quien salve la temporada, nada más lejos de la filosofía de un entrenador italiano que ha conseguido que cada verano se compita, se agarre al torneo de turno por el pecho y se compita hasta sus últimas consecuencias, con orgullo y sin que quede nada para reprochar con todas las balas disparadas.