Melodías de verano

Me fascina cómo la música impregna nuestras vidas. Nuestras canciones preferidas escriben los capítulos más frenéticos de nuestra historia

La música es verano. Los festivales se propagan, los grupos se marean cruzando continentes para vivir cantando y los fan gritan sus canciones preferidas con la ilusión de olvidar sus dificultades diarias en la brisa de la noche.

Verano era música, melodías a paso doble en noches estrelladas. Hasta que todo se paró de pavor. Ahora, poco a poco, florece de nuevo el ritmo, aunque la pandemia se resista a huir, más bien sigue distorsionando a ritmo intermitente pero infalible. (https://vigohoy.es/la-nueva-ola-de-covid-provoca-fiebre-de-mas-de-38oc-perdida-de-olfato-y-gusto-inflamacion-de-garganta-y-dolor-de-oidos/) Algunos con el covid perderán su entrada, incertidumbre la cual nos hemos acostumbrado a vivir desde marzo de 2020; otros se refugiarán, ventilador en mano, en las letras de sus canciones para esquivar esta ola de calor que seca el alma.

Lo que está claro es que esa normalidad musical escribe por si sola las secciones de cultura de los periódicos, que se hartan de noticiar nuevos conciertos. Todo son ganas de espectáculo y gritos de alegría y, como después de tantas renuncias hay sed de gozar, la oferta es variada. En medio del panorama, Vigo baila a ritmo de jazz o Xacobeo, por citar algunos. Incluso el Festival Latitudes hará el agosto en Vigo por vez primera. Sin olvidar los clásicos que nunca fallan, las voces de Sting, Bryan Adams o Love of Lesbian.

Me fascina cómo la música impregna nuestras vidas. Nuestras canciones preferidas escriben los capítulos más frenéticos de nuestra historia. Confieso que admiro este poder de la música porque a mí me falta esa sensibilidad rítmica para bailar. Me gustaría ser de esos locos bajitos que compran la entrada antes de que salgan a la venta y no pertenecer en el grupo de los que siempre nos encontramos todas las localidades vendidas por despertarnos tarde.

Desgraciadamente, la melodía disonante no cambia, a pesar de que todo iría a mejor después del confinamiento. La negligencia humana, desvaría a veces en puñetazos y tumultos. ¡Qué le vamos a hacer! Por suerte, los conciertos recuperan poco a poco el su pulso vital del verano para que bailemos junto a la vida.