La Asociación Juvenil Doira ameniza cada tarde la vida de las familias de Camelias, Hispanidad y el Castro. Lo que comenzó como una anécdota, se ha convertido en una puntual celebración que, más allá de la fiesta, les ha permitido poner rostro a sus vecinos 

Gloria y José se casaron en 1973, en una España en blanco y negro que caminaba hacia la salida del franquismo. Aun sin saberlo, claro está. Aquel año, mientras que Buñuel ganaba el Oscar a la mejor película extranjera, ETA secuestraba en Pamplona a Felipe Uarte; un nombre más de una lista deleznable de miedo y cobardía que la banda escribió durante décadas. Sin ir más lejos, ese mismo 1973 concluiría con el asesinato de Carrero Blanco, cuyo coche, régimen aparte, aterrizó en uno de los balcones del vecindario.

Pero volvamos a nuestra historia, que también va de balcones, aunque mucho más humanos, y que nos une, como decíamos, con ese 1973. Porque hoy Gloria y José cumplen 47 años de casados. Una vida en un suspiro. Y lo celebrarán, como tantas y tantas tardes de esta primavera aún por romper, con los vecinos de Camelias, Hispanidad y el Castro. Un festejo multitudinario, capaz de saltarse a la torera el aislamiento.

Al frente, un día más, Pepe Jarque, que desde el balcón de la Asociación Juvenil Doira, ameniza con sus compañeros la vida vecinal.

“Todo empezó el 16 de marzo, justo después de decretarse el estado de alarma”, relata Pepe Jarque con la viveza propia de un tiempo que pasa sin avanzar, que parece lejano aunque fue ayer, como quien dice. Porque apenas han transcurrido cuatro semanas. ¡Pero qué cuatro semanas!

Ese día, Mana Canoa, una de las vecinas del barrio, contactó con el Doira y les propuso que había que hacer algo. “Hoy salimos nosotros al balcón, no te preocupes”, respondió Pepe. Y desde entonces no han parado de salir. Primero, casi en precario, con un pequeño altavoz que apenas se escuchaba, potenciado por un micro, conectado a su vez a un móvil por bluetooth. Un apaño casero que les dio para arrancar, y que empleaban en las actividades con los niños.

Un lugar de encuentro

Porque antes de Covid, y después de él, el Doira es, fundamentalmente, eso, un lugar de encuentro para las familias y sus hijos, un espacio de ocio y formación en valores humanos y cristianos. Un centro en el que viven 11 jóvenes con una dedicación profesional diversa, desde profesores a empresarios, pasando por investigadores y farmacéuticos y que, como todos, también ha tenido que reinventarse en cuarentena. Tanto para convivir, “que aquí cada uno somos de su padre y de su madre”, razona Jarque, como para seguir atendiendo online a los cerca de 90 socios y a sus familias, además de cumplir con sus obligaciones laborales.

A esta intensa actividad, desde aquel 16 de marzo, le suman la verbena de las 8 de la tarde, que ha ido creciendo en gente y calidad. Del acople inicial de micro y altavoz a un potente amplificador que sonaba desde el balcón de Antonio, otro de los vecinos. “¡Antonio, a la de tres! ¡Uno, dos, tres!”. Y Antonio entraba.

Y del juego de balcones, al gran golpe. “En la víspera de la Reconquista hablé con Juan Caballero, responsable de comunicación del colegio Montecastelo. Tenía autorización para desplazarse al trabajo diariamente, así que le pedí que me bajase dos cajas de sonido con sus trípodes, y la mesa de mezclas”, relata Pepe, que recuerda que habían prometido celebrar la Reconquista como Dios manda. Y vaya si cumplieron. La cosa mejoró y comenzaron a ‘petarla’.

Un barrio entero en los balcones a las 8 de la tarde, hablando entre luces que vienen y que van, bailando al ritmo de la música que ellos mismos seleccionan. Cada velada son 5 piezas, a las que se pueden incorporar otros mensajes. Hoy, como decíamos, el aniversario de boda de Gloria y de José. “A ver qué les cantamos”. Antes, los cumpleaños que han caído de camino; por el medio, algún día internacional, como el del autismo. “En el barrio tenemos dos personas autistas. Y ese día cumplía años Erea, la hermana pequeña de uno de esos niños. Por supuesto, le cantamos el cumpleaños feliz”, expone Jarque con la normalidad propia de quien sabe vivir lo extraordinario.

Fiesta con principio y fin

Una naturalidad tan grande que ha conquistado un distrito entero que se expande en pleno corazón de la gran urbe. Todos conectados a través de los balcones… y del teléfono del Doira, a donde llegan las propuestas de canciones. La fiesta se ha institucionalizado y, como todo ritual, tiene principio y tiene fin. El arranque es un guiño al destino, siempre caprichoso, a veces cruel: Resistiré. El cierre, un rinconcito reservado a la nostalgia que conduce directo a La Rianxeira.

Y entre el paso de los días y el roce de los balcones, las relaciones se han ido estrechando, humanizando pese a la falta de contacto. “Un día recibimos una carta y un bizcocho. Era de agradecimiento, y nos lo enviaban, desde Camelias, Nacho y Lorena; por la tarde leímos la carta y la hicimos extensible a todo el barrio”, subraya Jarque.

Se puden seguir las sesiones en directo a través de su Instagram @clubdoiravigo

Porque de eso va toda esta historia; un relato del triunfo de la convivencia, que se abre paso más allá de los balcones. “Le hemos puesto rostro a las ventanas”, resume perfectamente. Un rostro que antes sólo se intuía, devorado por la cotidianeidad; y que ahora, en los tiempos de Covid, ha terminado por dibujarse perfectamente: “Estamos muy unidos. Hemos llegado al punto de cantar de balcón a balcón: Hola don Pepito, hola don José… Y después nos quedamos de tertulia entre ventanas, charlando con gente que teníamos a nuestro lado y que apenas conocíamos”.

Una unión que los lleva a entenderse unos a otros, sin prejuicios ni problemas. “El Viernes y el Sábado Santo, por lo que representan, no creíamos oportuno pinchar nada. El Jueves Santo explicamos por qué no iba a haber fiesta, y todo el mundo lo entendió. Esos dos días nos saludamos y aplaudimos”. 

Nuevas iniciativas

Mientras tanto, el calendario busca la mitad del mes de abril. Y la cosa, como no podía ser de otra manera, va a más. Ya hay nuevas iniciativas en cartera –desde cualquiera de esas ventanas, Julia está creando un personaje imaginario que escribirá cartas a los niños-; y otras que acaban de estrenarse. Como el sorteo, gestión de Marta de por medio, patrocinado por la panadería ‘A Sorte da Meiga’. El primero que acierta la canción que pinchan desde el Doira, gana un pequeño detalle que puede recoger al mediodía, de paso que va a buscar el pan. 

Y seguro que saldrán más. El tiempo sobra y el ingenio aprieta. Pero más allá de esto, el del Doira es el relato mismo de la Historia: el del bien que, pese a todo, siempre triunfa sobre el mal. Incluso en tiempos de coronavirus. Para después, ya hay comprometida una xuntanza. “Se la prometimos a José”. Otro rostro más en la ventana. 

10 COMENTARIOS

  1. Son muy grandes!!
    El mejor momento del día sin duda, cada día alargamos más, ahora incluso con sorteos que por cierto hoy nos ha tocado a nosotras y mi niña está como loca de contenta. Un chute de energía cada día salir al balcón y compartir con los vecinos que de esta saldremos unidos.

  2. Sois increíbles. Gracias a todos Pepe.Cesar,Javier….y muchos más, siempre pensando en los demás!!.

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