El gobierno local estudia un encendido de luces navideñas sin público ante la actual situación sanitaria
«Estas Navidades serán diferentes; nos esperan seis meses complicados». Las palabras, pronunciadas por el ministro de Sanidad Salvador Illa esta mañana, no impiden que Vigo siga adelante con los preparativos de las fiestas con el objetivo de ofrecer a vecinos y visitantes unas fiestas «1.000% seguras».
Algo que en el actual escenario de continua subida de contagios y hospitalizaciones se complica, obligando a la toma de medidas entre drásticas y originales. Entre ella, la visita de los Reyes Magos. Sus majestades llegarán a Vigo en su tradicional Cabalgata, que este año será «estática», tal y como ha avanzado el alcalde Abel Caballero esta mañana.
Este término, estático, implica que las carrozas permanecerán inamovibles en una de las calles más grandes de Vigo -no ha especificado cuál el regidor- mientras que la gente transita entre las mismas, «con colas y con distancia social».
Y si la Cabalgata se complica, qué decir del tradicional encendido de luces, que aglutina a decenas de miles de personas en la Puerta del Sol y sus alrededores. Algo que esta vez no podrá ser, y para lo que el Concello maneja también su solución, adaptada, eso sí, al propio devenir de la pandemia. Podría haber unas 400 personas sentadas, expone Caballero mientras que antepone esta cifra a las 150.000 de pie que, según sus cálculos, se dieron cita el año pasado.
Y si la situación sanitaria resultase «dramática», el encendido se haría sin público y se transmitiría «por vía telemática». «España va a ver las luces por los medios que tenemos en estos momentos… si la gente no puede venir aquí, iremos nosotros allá a través de la televisión«, ha afirmado.
No obstante, aún es demasiado pronto para elegir: «Veremos qué situación sanitaria hay y cumpliremos escrupulosamente todas las normativas posibles en el escenario más exigente».
Asimismo, y más allá de la Cabalgata y el encendido de luces, el alcalde ha reiterado que durante la Navidad habrá aforos limitados por calles, controlándose la afluencia de gente con el apoyo de cámaras y peatonalizándose una parte muy importante del centro: «Prácticamente todo».
Caballero está convencido de que todo saldrá bien y se muestra confiado. Tanto que deja un último recado para los escépticos: «Una parte importante de España dudaba de la apertura de las playas».

