Por José María Sendra.
15 días más, 15 fracasos. Somos Vigo, somos el Celta, no todo podían ser alabanzas y recuerdos de grandes futbolistas vestidos de Celeste dando grandes tardes.
Hay otros que han generado expectativas, han costado mucho dinero o simplemente nos han hecho reír durante su paso por casa Celta. Los hay que han sido un desastre toda su carrera, los hay que sólo lo fueron aquí y los hay que no tienen remedio. Iremos descubriendo cada día uno, como descubrimos durante éste confinamiento una comida más entre la merienda y la cena. En este repaso sólo están los que han jugado en primera división y en la época moderna.

Bruno Caires – Triste como un fado
- Temporadas : 1997/98 a 2000/01
- Partidos: 17 en Liga, 6 en copa del Rey, 3 en copa de la UEFA
- Goles: 0
- Coste: 2.250.000 €
Bruno Caires llegó a Vigo en aquel verano del 97 del despiporre, Gustavo López, McCarthy, Kaviedes, Turdó, Juanfran, Velasco… y un largo etcétera de fichajes y cesiones. Con ellos llegó Caires, promesa del fútbol luso, había sido medalla de bronce en el campeonato del mundo sub 20 de Qatar, en una generación que debía apuntalar a la de oro del fútbol portugués, Dani, Nuno Gomes y Bruno Caires deberían unirse a los Figo Peixe y Rui Costa para escribir la mejor página del fútbol del país vecino desde la pantera negra Eusebio.
Y de los buenos, de los que tenían buena pinta Bruno fue el que no fue. Lastrado siempre por una competencia descomunal primero en el Benfica y luego en el Real Club Celta, sólo fue titular 2 veces en liga en 4 campañas.
Hijo de futbolista, abandonó su Amora natal para llegar a la academia del Benfica con 11 años, y con tan sólo 14 pierde a su padre. Bruno ahora sigue casado con su novia de la adolescencia, trabaja en el club de su pueblo. Bucear en la vida de Bruno Caires le deja a uno la mezcla de melancolía y serenidad tan portuguesas.
En el Celta se encontró con Mazinho, Makelele o Giovanella en su camino, y con las lesiones, Graves y continuas. Acabó saliendo cedido al Tenerife y más tarde al eterno rival lisboeta del Benfica. Tampoco fueron las cosas bien allí y con tan sólo 29 años cuelga las botas.
Como un fado, así fue el paso de Bruno Caires por el Celta y por el fútbol, promesa de lo que nunca llegó a ser, castigado por infortunios constantes y seguramente también por unas expectativas demasiado elevadas para su nivel real. En Vigo dejó un un recuerdo vago, y un agujero potente en la cuenta de los traspasos. De su juego intrascendente en lo celeste poco que decir, jugador de primeras rondas de copa y condenado a ser el cambio para perder tiempo en Liga.
