Aunque esto, ya se sabe, es mucho pedir. Más fácil es soltar un exabrupto que concluye afirmando “que era falso que la justicia es igual para todos”. O sea, que en el sistema no creemos; o sí, porque gracias a él podemos decir lo que nos plazca sin que tenga consecuencias. Bendita democracia.
“Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”. En un país donde las tesis doctorales se copian y los insultos gratuitos se multiplican, la frase bien podría ser de cosecha propia, pero no encuentra uno gracia en adjudicarse lo que es de otros. En este caso, de Simone de Beauvoir.
Un puñado de palabras que me vienen a la cabeza a raíz del supuesto escándalo que supone la visita este fin de semana de don Juan Carlos a Sanxenxo. Leo despavorido -por no usar un sinónimo que contine las sílabas ‘cojo’- al diputado del BNG en el Congreso, Néstor Rego, escupir palabras que aluden a la corrupción y al tráfico de armas. Lo hace pese a que el Rey emérito no tiene ninguna causa abierta en estos momentos. Aunque, el sistema, para algunos, ya se sabe que sólo funciona y se respeta cuando tiene la misma simpleza intelectual y resolutiva que ellos mismos.
Comentarios a los que añade, en una catarata vomitiva de palabras, que “no necesitamos (en referencia a Galicia, por supuesto) que se nos conozca por dar acogida a corruptos y personas que representan los elementos menos democráticos del régimen del 78”. Curioso, porque para el señor Rego da igual que los tribunales diga justamente lo contrario. Y curioso, también, porque ese régimen democrático -en el que él no cree pese a que lo use como escudo, como demuestra con su denostación de la justicia- se inicia, precisamente, en don Juan Carlos y por don Juan Carlos. Gracias a don Juan Carlos.
Pero ya saben, lo más escandaloso del escándalo es que uno se acostumbra. Tal vez por eso la siguiente letanía de vocablos, cogidos al azar, ya casi no llaman la atención cuando el señor Rego afirma que el BNG “comparte con la mayoría de la sociedad gallega” que “el Borbón no es bienvenido”. Fascinante: cuánto conocimiento de lo que opinan los gallegos, cuánta capacidad de enjuiciamiento, cuánta democracia en apenas ocho palabras.
El siguiente paso es ya pura demagogia: “Queremos saber cuánto cuesta el transporte y la seguridad, que suponemos que no es pequeña, de los días que este señor va a estar en nuestro país y en el Estado español”. Entiendo que por país se refiere a Galicia y por Estado español, pues eso, a España. Y dando un paso más en el camino insondable de la demagogia a mí también me gustaría saber cuánto le cuestan al conjunto de la sociedad los viajes y las dietas de un diputado en el Congreso, como el señor Rego, como tantos, y qué es lo que realmente hacen por Galicia y por España, por el país y por el Estado, en sus trayectos.
Pero lo que de verdad me gustaría, por ejemplo, es que el Bloque atendiese a otros escándalos más cercanos, y censurase con la misma fuerza y con igual vehemencia a la presidenta de la Diputación de Pontevedra, Carmela Silva, a quien sostiene desde hace mucho en el cargo sin pedir ni una sola explicación por el enchufe de su cuñada, que nos costó 108.000 euros a todos los vigueses por un trabajo que nunca realizó. Seguro que el trasporte y la seguridad ‘del Borbón’ estos días valen menos.
Aunque esto, ya se sabe, es mucho pedir. Más fácil es soltar un exabrupto que concluye afirmando “que era falso que la justicia es igual para todos”. O sea, que en el sistema no creemos; o sí, porque gracias a él podemos decir lo que nos plazca sin que tenga consecuencias. Bendita democracia.

