Celta y Levante empatan a un tanto en un resultado que no vale a ninguno, que deja a los locales en tierra de nadie y a los visitantes demasiado lejos de la salvación
“Es gol de Abreu, es gol de Abreu”, anticipaba el narrador, Marcelo Araujo. Nadie recuerda el partido; tal vez tampoco el día ni la hora. Qué más da. La imagen de aquel choque es la del ‘Loco’ saliendo del regate y haciéndose un estúpido nudo con las piernas, ahora arrodilladas, ahora débiles, más flacas aún si cabe en un cuerpo ya de por sí enflaquecido.
Dani Gómez no había nacido todavía, pero el balón no entiende de años ni perdona ingenuidades, y entrega a la memoria colectiva al canterano madridista, hoy punta del Levante. Un paredón grosero cargado de errores también groseros. El lugar donde la hinchada celeste canta gol con un silencio clamoroso roto por un suspiro de alivio.
Es el minuto dos de otra liturgia pagana de Tebas, de lunes a las nueve de la noche, de un día que se quiere despedir mientras que la pelota rueda en Balaídos. Lo hace en banda derecha, donde Morales, rápido, anticipa a Araújo, lento y débil, que ofrece la posibilidad al extremo del Levante de llegar y llevarse la pelota en el rechace.
Ahora ya encara a Dituro con Dani Gómez corriendo en paralelo. Sólo Aidoo entre ellos. Filtra el pase Morales y deja a Dani solo, para empujarla en la frontal del área chica. Apenas dos metros de distancia que no son nada y son un mundo, porque el punta granota falla y, con ello, acapara todo lo que sucede en un primer tiempo intrascendente.
Del túnel vuelve el Levante con otra nueva ocasión y el Celta con las mismas dudas, las que provoca una pareja de centrales que en agosto no iba a ser titular y que bien entrado el curso juega siempre. Los menos malos o lo mejores. Depende de si la visión es pesimista o está cargada de optimismo. La pelota corre de banda derecha hasta la izquierda, por donde aparece Son a la carrera, que la revienta contra los guantes de Dituro. Esta vez responde el Celta con una buena jugada que termina con Mallo poniendo el centro para Iago, que anticipa al primer palo y trate de conectar con el tacón.
Intercambio de golpes y cero a cero todavía. Entra Pineda, debut en Balaídos casi dos meses después de su llegada. Y perdona de nuevo Roger para el Levante, que en el fondo comienza a mascar la tragedia, la del colista, la del que falla, la del que se hincha a perdonar consciente de que la muerte le espera en una esquina cualquiera, en el minuto 67, a la salida de un buen centro de Galán, con rosca, tenso, al segundo palo, por donde aparece desbocado Cervi para conectar a la carrera un cabezazo inapelable.
Crecen los del ‘Chacho’ y se encoge el Levante, aturdido por el golpe, por la asfixia del que se observa cerca del infierno. Al poco encara Iago y se escapa sobre la línea de fondo, poniendo el pase atrás, donde Pineda puede estrenarse con gol. Sería demasiado, incluso para el Celta, especialista en la agonía, en la tristeza perenne de su hinchada, en dar vida a los muertos, en conceder el empate en el 82’.
Una jugada aislada tras varias contras entregadas por Mina y por Renato, que ha entrado por Denis para contener lo incontenible, la eterna tragedia celeste. El balón que le cae a Roger, que con el control se quita a Domínguez -ingresado por Araújo-, y con la zurda la revienta cruzada al palo largo.
Uno a uno. Más agonía. Menos ilusión. La puede traer de vuelta Pineda en el 89’, cuando se queda solo ante Cárdenas y cruza suave, con la zurda, suficiente para permitir al portero visitante rozar la pelota con la punta de la bota.
Agoniza el partido con un empate intrascendente, que a nadie sirve, tampoco a los locales. Ahora en tierra de nadie, a seis puntos de la zona noble, y doce por encima del descenso. Perdida ya la ilusión con más de un tercio de Liga por delante.

