La Superbowl en O Vao

Y bien estaría que, después de disfrutar de esta comedia que es el conjunto coruñés, reflexionemos; que pensemos quiénes seremos nosotros cuando Iago Aspas no esté

A finales de los 90, tras un breve idilio con Ramón Trecet y Hakeem Olajouwon, unas pruebas de la televisión por cable en Vigo hicieron que en mi casa se pudiera ver Sportmania. Andrés Montes y Antoni Daimiel me ayudaron a introducirme más en la NBA y comenzar a abandonar el baloncesto FIBA.

Poco a poco me fui dejando llevar más por la competición, viendo más partidos, queriendo saber más de todo el folclore y colorido que tan bien gestiona el deporte americano. Buscaba prensa de las ciudades de mis equipos fetiche, y allí encontraba más titulares sobre las franquicias NFL de la ciudad en cuestión. Me fui dando cuenta que había domingos sin apenas partidos y que, directamente, la NBA, la que yo pensaba liga más potente del planeta, ni siquiera quería competir por las migajas que le dejaba el football.

Algo así le está pasando a mis domingos casi 20 años después, mi corazón sigue buscando el horario del Celta, pero ya no sueña, ya no vibra, ya no se ilusiona; un monstruo ha llegado en este 2021 para adueñarse de toda mi atención, como si una superbowl fuera, “biggest show on turf” le llamaban a los San Luis Rams allá por el 2001, o “maior show da terra” es  lo que sucede cada domingo na ‘Liga das Cidades’, en la TVG2.

Juega el Celta en el Calderón hoy por la noche tratando de hacer saltar la banca en casa del líder, pero mi atención el fin de semana estaba en la visita del Deportivo a O Vao. Me fascinó el Chacho durante semanas, pero ya sólo tengo ojos para Rubén de la Barrera, ese entrenador de Pantomima Full que me saca una carcajada cada vez que se presenta vestido cual saxofonista de la París de Noia e intenta darle al futbol un vocabulario digno de un ensayo de Kant.

Alfon me ha dado más alegrías que Santi Mina, y nada espero del ‘Boyé nuevo’ ese que hemos traído en el mercado invernal. Mis oraciones están con Charles. Hubo un tiempo en que me indigne con las comisiones que Abanca cobraba a su clientela, ahora espero que me aticen más y me hagan pagar una cuota por seguir manteniendo al equipo de Riazor.

Y bien estaría que, después de disfrutar de esta comedia que es el conjunto coruñés, reflexionemos. Que pensemos quiénes seremos nosotros cuando Iago Aspas no esté. En Coruña han sufrido mentiras de su directiva y un pésimo director deportivo empeñado en inflar jugadores que jamás dieron el nivel; pagan caro la falta de paciencia con los entrenadores y viven de recuerdos y hashtags que adormecen cual morfina el dolor de la realidad. ‘O Neno’ Lucas se fue y cuando volvió, como es netamente inferior a Iago, no consiguió darles vidas extra.

Ni siquiera han pasado 40 días de este año y sobre el Celta han planeado 3 amenazas de denuncia del sindicato de jugadores; ha decidido regalar al mejor lateral izquierdo de los últimos ¿qué?¿ 15, 20 años?; y se han enredado en una encuesta en su web pidiendo al público cual Nerón opinión sobre si debía ajusticiar a los que han decidido no pagar el impuesto revolucionario de la renovación del abono.

Una comedia, una ridícula y que provoca risa por desagradable. Infames, mentirosos y soberbios, desubicados, inamovibles en el discurso e incapaces de reconocer un error tras otro hasta que todo explote. Sea en el Mundo del Fútbol o en Afouteza, somos una vergüenza. Los grandes del futbol gallego viven épocas oscuras y temo que para cuando el Celta celebre su centenario, poco tengamos que festejar.