La Real reina en el ida y vuelta

Mina y Mallo disputan un balón con Montreal. Foto: RC Celta

El Celta cae en San Sebastián por dos goles a uno pese a adelantarse en el marcador con un tanto de Mallo

Venía la semana cargada de Superliga, de esa historia de mafia contra mafia que ha llenado horas de tedio y de pandemia. El debate, estéril, sobre cómo hacer mejor no se sabe qué competiciones, tratando de cuadrar el círculo, cuando basta con que ruede la pelota y los jugadores quieran hacer sencillamente eso, jugar. El deporte más simple del mundo, tal vez por eso también el más maravilloso. Y así, en esa simpleza de ir y venir sin tregua, de golpearse como dos púgiles antiguos, en busca del KO y no de la pírrica victoria por los puntos, Real y Celta descorcharon un primer tiempo de otra época, que acabaron llevándose los locales, igual que el partido, por dos tantos a uno.  

Golpeó primero el Celta, que salió valiente, fuerte en la presión, con el libro del ‘Chacho’ grabado a fuego lento. A los dos minutos ya lo había intentado Nolito. Y al rato, en un córner botado por Denis, Hugo Mallo cazaba el primero de cabeza. Sí, Hugo de cabeza, porque todos iban y venían.

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La ventaja debería haber resultado suficiente, al menos para perseguir un par de bocanadas y dos pausas. No hoy, no en este Celta, no con Iván Villar. Primero empató Portu tras un buen pase filtrado por Carlos Fernández.

Fue el pistoletazo de salida a cinco minutos esperpénticos, que comenzaron con un penalti sobre Isak, derribado por Villar en un lateral del área en una jugada sin peligro aparente. El meta celeste salió en busca de no se sabe qué a no se sabe dónde. Por fortuna, enmendó su error parando la pena máxima al propio delantero sueco. El rechace acabó en gol, anulado por el árbitro por adelantarse el jugador de la Real.

Pero el esperpento debía continuar, y a la salida de un córner Gil Manzano decidió pitar penalti tras un forcejeo evitable entre Murillo y Le Normand. Januzaj no desaprovechó la segunda oportunidad desde los once metros para adelantar a la Real.

A la vuelta de vestuarios salió el Celta frenético, con una llegada de Mina salvada por Remiro, y un casi remate de Murillo despejado por el propio meta donostiarra. Dos ocasiones a las que respondió la Real con un palo de Portu y otra clara de Isak.

Ahí, sin embargo, el duelo comenzó a apagarse, tal vez demasiado acelerado para los pulmones de cualquiera; tal vez adormecido por la Real, ahora en ventaja, inteligente. Comenzaron los cambios y el partido se precipitó hacia el vacío, con tiempo otra vez para pensar en otras cosas, en camisetas con frases difícilmente comprensibles, hablando de hinchadas hoy ausentes, hace tiempo arrinconadas. Primeros tiempos como el de hoy son un pequeño homenaje a todo aquello que algún día fue. Insuficiente para el Celta, que se despide, ahora sí, de cualquier sueño europeo. Salvo que la Superliga diga lo contrario, claro.