«La obra judicial más importante de la historia de Galicia» alcanza ya el 75% de su ejecución

El presidente de la Xunta durante su intervención tras la visita de hoy.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, visita las obras de la Ciudad de la Justicia acompañado por el arquitecto Alfonso Penelas, que pone en valor la utilización del espacio público, «el espacio más democrático posible»

El proyecto, que estará terminado en el primer trimestre de 2021, suma un párking de 500 plazas conectado por túnel con el eje del edificio, y una guardería en la plaza para 40 niños

Erige la Ciudad de la Justicia en símbolo de la independencia del poder judicial, advirtiendo que, si un gobierno intenta controlar este poder, «automáticamente entraremos en una deriva peligrosísima y contraria a la Constitución» 

Esa inmensa masa blanca que desde hace meses corona la zona central del ‘skyline’ vigués continúa su metafomorfosis, abandonando los viejos escombros de historia del Xeral para levantar, sobre ellos, la futura Ciudad de la Justicia, «la obra judicial más importante de la historia de Galicia«, como recuerda el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, en su visita de hoy en la que ha estado acompañado por el arquitecto Alfonso Penelas.

Un proyecto, subraya Feijóo, que ya está al 75%, y que estará listo durante el primer trimestre del 2021. El resto del próximo ejercicio se empleará para el traslado de todas las infraestructuras a la nueva sede, que sumará 44.000 metros cuadrados albergando 37 unidades judiciales con posibilidad de ampliarse en otras 20, y acogerá a medio millar de trabajadores, que tendrán su plaza de garaje.

Lo explica Penelas tras poner en valor la importancia de «hacer ciudad» a través de la buena utilización del espacio público, «el espacio más democrático posible», que en este caso está permitiendo resucitar un edificio que recupera la «dignidad y elegancia del momento de su nacimiento«.

Atrás queda ya el «gran buraco» que se extendía a los pies del inmueble, fruto de los derribos y de las labores de limpieza. «Un problema que se ha convertido en virtud», continúa Penelas, posibilitando un aparcamiento de cerca de 500 plazas que, «en otro de los pequeños alardes técnicos» conectará con el eje central del edificio a través de un túnel.

«Estamos en un espacio inacabado y habrá nuevas cosas por ver. Habrá una colina aquí -en la plaza- que cubrirá la futura guardería -con capacidad para 40 niños-; una escuela infantil atrapada en una colina de árboles y césped. El vestíbulo es una prolongación de la plaza: habrá una celosía de 9 metros de canto y 30 metros de luz que hará que la plaza entre en el vestíbulo y incrementando ese espacio público», prosigue el arquitecto visiblemente emocionado.

Una obra que, como recuerda Feijóo en su discurso, aspira a «reponer la belleza arquitectónica» del edificio devolviendo al ‘Pirulí’ a su estado inicial: «Un inmueble histórico, memorable y emplemático que se convertirá en el faro de Vigo, y que a partir de hoy dará más razones aún para sentirse orgulloso de Vigo y de Galicia«.

«Deriva peligrosísima» de querer controlar el poder judicial

El escenario sirve también al presidente gallego para defender la separación de poderes, alertando de la «deriva peligrosísima» que supone que un gobierno trate de controlar el poder judicial.

«La separación de poderes es lo único que posibilita que el edificio del estado de derecho se mantenga en pie. Si no sucede, el edificio constitucional tendrá vicios constructivos, que pueden hacer que se derrumbe. Ni el poder ejecutivo ni el legislativo pueden condicionar al judicial», ha subrayado.

Y ha concluido con una alusión directa a la intención del Gobierno central de reformar el sistema de elección del Consejo General del Poder Judicial, sustituyendo la mayoría cualificada -necesaria ahora mismo- por la simple, que abriría la puerta a la modificación con el único apoyo de los socios del ejecutivo: «Si el poder ejecutivo, si un Gobierno, elige un Parlamento, automáticamente ese Parlamento no es elegido por los ciudadanos y no se convierte en Parlamento sino en la prolongación del Gobierno. Y si el Gobierno elige también el poder judicial, entonces el poder judicial dejará de serlo y será simplemente un brazo del poder ejecutivo«.