La nueva normalidad en el Gimnasio Simón

Simón y Paqui charlan en la recepción del gimnasio.

El Gimnasio Simón es uno de esos establecimientos históricos de la ciudad. En este caso, de los dedicados al deporte. Sus instalaciones encierran mil y una historias. Deporte; entrenamiento; sacrificio; competición; victorias; derrotas; afán de superación; anécdotas; buenos momentos, y también algunos reveses de la vida, pero ante todo, reflejan capacidad de adaptación.

Esa capacidad que te permite evolucionar y adaptarte a los tiempos que corren. Tiempos que nos tocan vivir y de los que nadie podía imaginar ni en sus peores pesadillas. Tiempos que requieren sin duda de fortaleza y resistencia. Más si cabe, para los pequeños y medianos negocios. Los de a pie, los que tratan directamente con las personas. Los que a veces no son tan valorados como merecen pero que igualmente luchan con la situación que nos ha sobrevenido.

Uno de ellos es el Gimnasio Simón. Visitamos las intalaciones de este pequeño-gran gimnasio situado en el número 92 de la calle Urzáiz. Al entrar parece que nada haya cambiado. Por un momento, haciendo ese recorrido entre los trofeos, fotografías y recortes de prensa de los éxitos de Simón González uno quiere creer que todo sigue igual. Y realmente todo sigue igual, hasta que al llegar a la recepción una línea que marca la distancia de seguridad pegada en el suelo y una mampara de metacrilato en el mostrador, te recuerdan que algo sí ha cambiado. Es la «nueva normalidad» a la que tendremos que adaptarnos.

Dentro nos esperan Simón y Paqui, los propietarios del gimnasio. Bueno, decir propietarios sería quedarse cortos para describir su papel en él. Además de eso, para los clientes del Gimnasio Simón, ejercen de entrenadores, monitores, mentores, compañeros y amigos. Algo que ya nos habla del carácter especial que desprenden estas instalaciones.

“Según hemos pasado de fase 2 a 3 y ahora a nueva normalidad, hemos ido adaptando el espacio marcando cuadrículas en el suelo para respetar las distancias”

El gimnasio como tantos y tantos negocios ha tenido que incorporar nuevas normas y protocolos acordes a las pautas sanitarias. «Desde el día 1 que pudimos iniciar la actividad, ya preparamos el tatami con cruces que marcaban la posición de la gente y espacios libres entre ellos para respetar siempre el aforo máximo fijado», nos explica Simón. Es importante resaltar que las artes marciales es una de las actividades estrella del gimnasio y que para adaptar un deporte de contacto a una «nueva normalidad» donde no está permitido, han tenido que «reinventar» los métodos. «Centramos las clases en la preparación física y el cardio. Nada de contacto. Según hemos pasado de fase 2 a 3 y ahora a nueva normalidad, hemos ido adaptando el espacio marcando cuadrículas en el suelo para respetar las distancias», detalla Simón.

Con otras actividades la tarea resulta menos complicada. Tal y como nos explica Paqui, en pilates, otra de las actividades con más éxito a parte de las artes marciales, es más sencillo. «La gente una vez que coloca la colchoneta en su sitio, no se mueve y es muy fácil controlar las distancias. Es una actividad en la que no se tiene ningún problema. Es muy segura», comenta Paqui, que en esta disciplina es la encargada de impartir las clases.

“cada vez que alguien usa una máquina se desinfecta nada más acabar el ejercicio”

Pero la distancia no es el único factor que entra en juego en esta nueva normalidad del COVID. Otro de ellos es la desinfección y en el Simón es un aspecto que tratan de forma rigurosa. Tal y como explica Paqui, las clases se han visto reducidas de una hora a 45 minutos, para de esta forma, poder acondicionar perfectamente las instalaciones entre sesión y sesión. «El último cuarto de hora de lo que duraría una clase normal lo destinamos a desinfectar todo antes de que entre la siguiente clase. En el caso de la sala de pesas, cada vez que alguien usa una máquina se desinfecta nada más acabar el ejercicio», resalta. En este sentido ambos subrayan la responsabilidad y colaboración de sus alumnos: «Cada vez que utilizan material o alguna zona concreta son los primeros en preocuparse por avisarnos para que podamos desinfectarlo para la siguiente persona que vaya a usarlo».

Esta preocupación en la atención a sus clientes se ve recompensada. Muchos de los usuarios del Gimnasio Simón llevan años realizando sus actividades en él. Algunos incluso desde el año de su apertura, allá por 1992. Y esta fidelidad mucho tiene que ver con el trato cercano y familiar que brindan a sus deportistas. «En ocasiones con ver la cara de nuestro alumno ya sabemos si se encuentra bien o mal, si tiene algún tipo de molestia muscular o si hay algo que no le sale. Nos gusta tener este trato cercano porque así podemos ayudarles, aconsejarles o corregirles de una forma más personalizada», destacan.

«En nuestro gimnasio eres una persona con nombre y apellido. Nuestros clientes no son un número»

Esta es una más de las diferencias entre este mítico gimnasio vigués y las nuevas cadenas «low cost» tan de moda en la actualidad. «En nuestro gimnasio eres una persona con nombre y apellido. Nos sabemos el nombre de todos. Procuramos un trato directo. Si falta alguien nos preocupamos, porque aquí valoramos a la gente. Nuestros clientes no son un número», resaltan Paqui y Simón. Y fruto de esta mentalidad es el ambiente familiar que desprende este gimnasio y su personal.

Un gimnasio, el Simón, que ya vive en «nueva normalidad». Una normalidad que no deja de ser la de siempre, pero con nuevos matices. Un gimnasio, el Simón, que se enfrenta a una nueva batalla. Esta vez algo diferente, pero con la confianza de estar preparado para resistir en pie y acabar dando el golpe.

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