Un estudio de la Universidade de Vigo revela que el alumnado emplea la IA sobre todo para fines personales, desconoce sus sesgos y desaprovecha su potencial educativo
La inteligencia artificial está plenamente integrada en la vida cotidiana de los universitarios, pero todavía no se ha consolidado como una herramienta de aprendizaje. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio desarrollado por la Universidade de Vigo entre 687 estudiantes de doce titulaciones de sus tres campus, que revela que el alumnado utiliza con mucha más frecuencia la IA generativa para cuestiones personales que para actividades académicas.
La investigación, dirigida por la profesora de la Facultad de Dirección y Gestión Pública Sara Torres en el marco de la Cátedra de Feminismos 4.0 Depo-UVigo, también concluye que existe una infrautilización de las posibilidades pedagógicas de estas herramientas y que buena parte del estudiantado no identifica los sesgos que pueden reproducir los sistemas de inteligencia artificial.
La IA se usa más para ahorrar tiempo que para aprender
El proyecto analizó los hábitos de uso de la inteligencia artificial, las motivaciones del alumnado, su percepción sobre los riesgos éticos y la presencia de posibles sesgos en estas tecnologías.
Los resultados muestran que casi ocho de cada diez estudiantes utilizan la IA con relativa frecuencia para cuestiones personales, mientras que aproximadamente la mitad asegura no emplearla nunca o casi nunca para fines académicos.
Cuando sí se utiliza en el ámbito universitario, el uso se concentra en tareas básicas como:
- Generar ideas.
- Elaborar resúmenes.
- Buscar información de forma rápida.
En cambio, resulta mucho menos habitual recurrir a estas herramientas para corregir textos, traducir documentos, practicar idiomas o crear contenidos propios.
La investigadora concluye que el alumnado emplea la IA principalmente como un atajo para ahorrar tiempo, en lugar de aprovecharla como una herramienta que favorezca el pensamiento crítico, la creatividad o el aprendizaje autónomo.
Muchos estudiantes desconocen los sesgos de la inteligencia artificial
Otro de los aspectos que más preocupa a los investigadores es el escaso conocimiento sobre los sesgos que pueden incorporar los modelos de inteligencia artificial.
La mayoría del alumnado manifestó dudas o desconocimiento sobre este fenómeno y, de hecho, 217 participantes consideran que los sistemas de IA son neutros e imparciales, una percepción que el estudio cuestiona al recordar que estas herramientas pueden reproducir desigualdades relacionadas con el género, la lengua, la edad, la etnia o la clase social.
Entre quienes sí detectan sesgos, los más citados son precisamente los relacionados con el idioma, el género, la edad y factores sociales.
Las alumnas muestran una mayor preocupación por los riesgos
El estudio también identifica diferencias entre hombres y mujeres en la forma de utilizar estas herramientas.
Las estudiantes expresan una mayor preocupación por la fiabilidad de la información generada por la IA. El 78 % afirma estar de acuerdo o muy de acuerdo con esa inquietud, un porcentaje diez puntos superior al registrado entre los hombres.
Además, ellas muestran más preocupación por la posibilidad de que el profesorado detecte el uso de inteligencia artificial en sus trabajos y recurren con mayor frecuencia a estas aplicaciones para generar ideas. Los alumnos, por su parte, las utilizan más para análisis de datos, programación informática o generación de código.
No obstante, la investigación concluye que el factor que más condiciona el uso de la inteligencia artificial no es el sexo del alumnado, sino la titulación o el ámbito de conocimiento al que pertenece.
La Universidad apuesta por formar en un uso responsable de la IA
El trabajo se completó con entrevistas a seis docentes universitarios, quienes coincidieron en que la inteligencia artificial ha llegado para quedarse y debe integrarse en la enseñanza superior.
Sin embargo, también advierten de que muchos estudiantes utilizan estas herramientas sin disponer de las competencias necesarias para detectar errores, limitaciones o sesgos en la información que generan.
A la vista de los resultados, la investigadora defiende la necesidad de impulsar una alfabetización digital crítica, ofrecer formación específica al alumnado y desarrollar protocolos de uso responsable de la inteligencia artificial dentro de la universidad.
Las conclusiones de este proyecto, financiado por la Cátedra de Feminismos 4.0 Depo-UVigo, formarán parte además de una publicación científica internacional centrada en los retos que afrontan las universidades para gestionar de forma ética y eficaz el impacto de la inteligencia artificial.

