La Maldición del Bambino

Los Boston Redsox habían ganado en 1919 cinco de las primeras quince series mundiales disputadas. Harry Frazee, propietario del equipo y productor musical, acuciado por las necesidades económicas que alimentaba el espectaculo No, No, Nanette que pretendía estrenar en Broadway, y por las exigencias económicas de su estrella George “Babe” Ruth, decidió vender al Bambino a los que pronto se convertirían en su eterno rival por 100.000 dólares.

Los Yankees, ahora uno delos mayores iconos del deporte, ni siquiera se habían acercado a la serie final de la Major League Beisbol hasta ese momento, lejos del dominio de los de Massachusetts, hasta que el 26 de diciembre de 1919 todo cambió. La maldición más duradera de la historia del deporte nació para quedarse 86 años hundiendo las ilusiones de los medias rojas.

El musical de Nanette tardó cinco años en estrenarse y los yankees en ese tiempo ya pelearon 3 veces en las series mundiales, y ganado una. Cuando en 1934 el bambino colgó el bate, los neoyorquinos habían logrado 4 campeonatos; en Boston no se volvió a saborear las mieles del triunfo hasta 2004.

En cuatro días de Octubre de 2004, los Red sox se convirtieron en la primera franquicia en levantar un 3-0 para acabar imponiéndose 4-3 a los New York Yankees y poder acceder a la serie final que acabaría con la maldición del bambino.

Ya han pasado 3 años, a mi me han parecido 86 desde la última vez que empecé una semana ilusionado ante un partido del Celta y acabé feliz. La historia de este equipo maldito pareció cambiar con un bambino argentino de pasaporte italiano, al que un empresario dejó marchar porque el espectáculo necesitaba dólares para continuar.

Dos jornadas de ésta liga aséptica con gradas vacías y sonidos extraños, dos resultados que permiten esperanza, y el miedo celeste a levantar la cabeza demasiado. Una victoria en Valladolid catapultaría el estado de ánimo, una derrota nos volvería a hundir en las dudas; así de cruel es este negocio, nuestra maldición del bambino, cambiando mejillones por langostas, mudando medias rojas por la cruz de Santiago.

Sin público los cancheros se atreven más, sin runrun no hay miedo a los silbidos y los suspiros de desaliento, no hay incendios que apagar fuera, sólo hay verde y confianza. El Celta plagado de ese tipo de jugador talentoso pero frágil, ha podido reforzar con liderazgo sudamericano su mediocampo y defensa, los cancheros necesitan que los arropen para brillar, y nosotros necesitamos seguir pensando que en cuatro días de octubre pueden conseguirse resultados para dar la vuelta a una maldición de 3 años que dura casi un siglo en nuestras espaldas.