«La he matado, se me ha ido de las manos»

Los cuatro agentes que declararon ayer coinciden en afirmar que vieron al acusado «muy tranquilo» y plenamente consciente en todo momento de lo que estaba sucediendo a su alrededor

El juicio contra el sexagenario acusado de matar a su vecina en Vigo apuñalándola hasta causarla muerte se está celebrando esta semana en la sección quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra. Una vista en la que, durante la jornada de ayer, testificaban cuatro agentes de la Policía Nacional, que coincidían en su relato al afirmar que el hombre dijo, una vez acuchilló a la víctima, «la he matado, se me ha ido de las manos».

Estos agentes, que intervinieron en la noche del crimen, el 23 de octubre de 2022, han coincidio también en que vieron al acusado «muy tranquilo» y plenamente consciente en todo momento de lo que estaba sucediendo a su alrededor. Uno de ellos, que pudo dialogar algo más con el hombre tras ser detenido, afirma que la vecina «mandó a la mierda» al acusado antes del crimen, cuando este le inquirió por el ruido que hacía, motivo por el que el hombre decidió matarla.

Para ello, subió a su vivienda y esperó que lo hiciera ella, y entonces, cuando la mujer estaba abriendo la puerta de su casa, el acusado salió de la suya y la apuñaló por la espalda al menos una vez, tal y como ha reconocido él mismo en la sesión matutina de la vista, en la que dijo no acordarse si le asestó dos puñaladas más, las cuales le causaron la muerte.

Los agentes contaron que llegaron al rellano donde confluyen las puertas de las viviendas de la víctima y el acusado y que allí estaban ya otros vecinos, los cuales les indicaron lo que sospechaban había sucedido: que el acusado le había hecho algo a la víctima. En ese momento, la puerta de la víctima estaba arrimada y de ella colgaban las llaves, que todavía se balanceaban, mientras que la del acusado estaba cerrada, siempre según los agentes.

Después, el acusado salió y la Policía le preguntó qué había pasado, a lo que el hombre respondió: «La he matado, se me ha ido de las manos», momento en que dos agentes procedieron a inmovilizarlo mientras los otros dos trataban de auxiliar a la víctima, a la que ya no encontraron constantes vitales. Uno de los agentes la giró entonces, y fue cuando vieron clavada en el pecho de la víctima la hoja del cuchillo de 20 centímetros, que se había separado del mango.