La fatiga crónica es una de las secuelas invisibles que más afectan a las personas tras sufrir un ictus, según expertos de Vithas NeuroRHB&nbsp

La doctora Belen Moliner, de Vithas NeuroRHB Vigo.

Este viernes se conmemora el Día Mundial del Ictus, una patología que afecta cada año a cerca de 72.000 personas en España 

Poner de manifiesto la importancia de las secuelas invisibles que deja un ictus es uno de los objetivos que se han marcado los expertos de Vithas NeuroRHB, el servicio de neurorrehabilitación del Grupo Vithas, para este viernes, jornada en la que se conmemora el Día Mundial del Ictus. Entre estas consecuencias que pueden pasar desapercibidas, una de las que más afecta a las personas que han sufrido un ictus es la fatiga crónica.  

La Dra. Belén Moliner, directora médica de los centros Vithas NeuroRHB en los Hospitales Vithas Vigo, Vithas Valencia Consuelo, Vithas Valencia Aguas Vivas, Vithas Sevilla, y el Centro Médico Vithas Vinalopó, resalta que las enfermedades cerebrovasculares son la tercera causa de muerte en el mundo occidental, la segunda causa de muerte en España y la causa más frecuente de daño cerebral adquirido, de hecho, 3 de cada 4 pacientes que atienden en sus centros es a causa de un accidente cerebrovascular. 

Una lesión cerebral en la que, dependiendo de la duración de la isquemia, de su tamaño, es decir, de su magnitud; y también de las características personales de cada paciente, aparecerán unas secuelas más o menos incapacitantes.  

La Dra. Belén Moliner asegura que “cada vez recibimos más pacientes que acuden a nuestro Servicio de Neurorrehabilitación de los hospitales Vithas tras sufrir un ictus aparentemente sin secuelas, y tras el que han recibido el alta con la recomendación de volver a hacer vida normal”. Sin embargo, “les cuesta retomar su vida anterior de manera completa”.  

 “Esta semana pasada hablaba con un paciente que me decía que, a pesar de que era lo que más deseaba, no se veía capaz de volver a trabajar, porque siempre se sentía cansado”, explica la directora médica de los centros NeuroRHB de Vithas. Así, resalta que “la fatiga mental es una de las secuelas más comunes en aquellos ictus leves, que dejan unas secuelas a largo plazo muy leves o inexistentes”.  

Estos pacientes “son personas que se cansan ante una sobrecarga de estímulos para el cerebro, como puede ser salir a una calle muy transitada de tráfico y de gente, ir a un centro comercial en hora punta, o incluso tener una conversación con varias personas a la vez. Es muy típica la escena del paciente que se encuentra en una comida en un restaurante, en donde tiene que atender a las conversaciones de su mesa, que suelen ser varias a la vez, e inhibir, el ruido del restaurante para poder concentrarse”. Esta situación, para un cerebro dañado, “es agotadora; especialmente de cara a la tarde-noche, ya que entonces a la dificultad se le suma más fatiga, sobre todo, si el paciente ha realizado ese día tareas de mucha exigencia estimular”, explica la Dra. Moliner Muñoz. 

En “casi la totalidad de pacientes” un ictus aparentemente sin consecuencias le permite volver a retomar parcialmente su vida anterior; ya que serán autónomos dentro de su casa, con sus actividades de autocuidado e higiene personal, y, también para realizar actividades instrumentales de manejo de su dinero, transporte público y moverse a nivel social. Sin embargo, “para las actividades más avanzadas como el trabajo muchos de los pacientes requerirán adaptaciones de su puesto”, afirma la Dra. Moliner, que señala que estas adaptaciones pueden ir desde la reducción del horario, hasta una adaptación de las funciones del puesto en cuestión. 

En cualquier caso, la Dra. Moliner recomienda “seguir unas recomendaciones individualizadas para cada caso, en el caso de padecer esta secuela invisible del daño cerebral, como manejar una higiene del sueño correcta, ser capaz de detectar cuando se va a llegar a la fatiga para poder retirarse a descansar, o, incluso, evitar las situaciones de mayor sobrecarga estimular”.  

“Es importante ponerse en contacto con un servicio especializado que pueda analizar cada caso y establecer las mejores recomendaciones personalizadas”, recomienda Belén Moliner.