La constante tristeza

«La capacidad del Celta para vivir en el drama, para montar berrinches que a nadie le importa y hacer el ridículo y poner todo patas arriba, se ha visto sintetizada en el caso Bugarín. Un niño, que le vaya bonito, que estudie, se forme, se reproduzca y sea feliz, se va al Real Madrid»

O Brother!, película de los hermanos Cohen protagonizada por George Clooney, nos familiarizo con una canción popular estadounidense llamada The Man of constant sorrow, el hombre de la constante pena, que había estado rodeado de drama desde que nació en Kentucky, todo eran problemas para el protagonista de esta melodía, que jamás consigue encontrar paz y sosiego en su hogar.

Un poco en constante pena, en constante drama vive el Real Club Celta. Amanecía Vigo con genitales femeninos en las farolas de la plaza de Portugal, artísticas, orgullosas vaginas rodeando un parque infantil y aderezadas con aquello de que todos los policías son… ACAB que dicen los sajones.

Un grupo de artistas decidió, so aprobación municipal, que era una idea fantástica, excepto por la risa que acompaña a la vergüenza ajena al ciudadano, no le importó; un poco lo mismo que a Florentineza le preocuparía que el domingo en su palco no hubiera invitados.

La capacidad del Celta para vivir en el drama, para montar berrinches que a nadie le importa y hacer el ridículo y poner todo patas arriba, se ha visto sintetizada en el caso Bugarín. Un niño, que le vaya bonito, que estudie, se forme, se reproduzca y sea feliz, se va al Real Madrid. Un crío de 12 años, con su familia, que decide que lo mejor en ese momento es irse a Madrid. La reacción de Mouriño te la firma Almodóvar, se quiere cargar a media cantera, pone a una agencia con tremenda incidencia en el club a la altura de la compañía holandesa de las indias, le dice a uno de sus activos más valiosos que se busque equipo y a los dos que presentaron ‘A nova partida’ que la puerta es grande y que marchen, y remata la pataleta no presentándose a la reinauguración de una de las cinco más icónicas instalaciones de la historia del deporte. Lástima no le hubiera dado por pintar vaginas en Afouteza.

Viernes, todavía septiembre, aún verano, Cádiz en Balaidos, un tren para salir de Kentucky, el sitio donde el protagonista de nuestra canción sólo había conocido pena. Un tren para saber si la familia Mouriño tendrá que seguir inventándose dramas para desviar la vista al dedo y no a lo que se señala, casi una semana para pintar aún más genitales en nuestras farolas.