El Celta es incapaz de encontrar el camino hacia el gol y empate a cero en Balaídos ante un Betis agotado por el reciente esfuerzo europeo
Avanza el año, los días clarean y se alargan buscando el final de cada hora eterna de verano, llega la primavera que despide a un invierno siempre solitario y a ratos clareado, y nada cambia. Las esperanzas se diluyen y la tierra de nadie, abandonada entre la cima de Europa y el abismo del infierno, se acrecienta con otro empate a cero, dos gigantes bocas abiertas, un par de bostezos, una nueva ‘invictoria’ en Balaídos.
El término, profano y aclaratorio, lo acuñó el escritor brasileño Millor Fernandes para resumir el tránsito de la selección de su país en una huida impúdica que la condujo del maravilloso ‘jogo bonito’ a la esterilidad de los 80, paso previo al pragmatismo de sus últimas victorias. «En 1978, ¿recuerdan? Brasil, ya en la vía defensiva, perdió la Copa del Mundo, invicto. Empató todos los partidos. Inventamos una cosa extraordinaria: la invictoria«. Así, de fácil, así de simple.
Como este Celta, que quiere pero no puede, marcado por una época de gasto contraído, como sugería en la previa el propio ‘Chacho’. Insuficiente para meterle mano al Betis, que viene sin pulmones, desgastado en lo físico y golpeado en lo moral tras caer eliminado en Fráncfort en la última pelota de la prórroga. Qué más da. Suficiente para rascar un punto en Balaídos, en un combate nulo, en el que los púgiles, encerrados en el eterno juego de piernas, amagan pero no dan.
Para combatir la cercanía del último esfuerzo, el Betis luce varias caras nuevo en el inicio. Aire fresco que le permite aguantar la primera media hora. Luego, se asienta el Celta, mejorado a partir de la rápida circulación de la pelota, sobre todo en banda derecha, donde Iago encuentra a Mallo, a Brais y al propio Mina para triangular en la búsqueda de un hueco que no llega, y que apenas alcanza para que Brais pruebe a Bravo desde lejos.
El paso por vestuarios otorga un poco de aire a los pulmones, y el duelo parece querer agitarse por momentos. Insuficiente una vez más para conceder alguna ocasión en cualquiera de las áreas. Para solucionarlo, el ‘Chacho’ agita el árbol y encuentra a Tapia y a Galhardo como recurrente solución. Una que, al menos, logra encerrar al Betis en su área, que mira ya la hora demasiado pronto, demasiado lejos del final, agotado por el duelo europeo de este jueves.
Pero lo más cerca del gol que pasan los locales es un remate postrero de Mallo tras un centro de Fontán peinado de cabeza por Galhardo. Un tiro lejano de Iago y un testarazo del propio delantero brasileño echan el cierre a la última tarde de invierno en Balaídos. La primavera llega y lo hace con el equipo descolgado. Europa vuela a doce puntos y el descenso lo hace a diez. Se vienen meses de ‘invictorias’.

