Los de Óscar García derrotan al Valencia con dos goles del delantero celeste
Maxi marcó el tanto visitante y Tapia se retiró lesionado a diez minutos del final
Apenas van 180 minutos de temporada. Un leve suspiro en el eterno recorrido de fondo de una liga. Y sin embargo… Y sin embargo mil cosas han cambiado. La actitud, las piernas, la cabeza, la verticalidad, el gol, el equipo.. Todo aderezado por Iago Aspas. Qué futbolista. Dos detalles de genio, dos chispazos de talento y calidad, dos goles y tres puntos.
Antes y después, también, mucho Celta. Más Celta, al menos que el Valencia. O que este Valencia devastado por un proyecto sin sentido en el que apenas un par de viejos conocidos de Vigo dan la talla. Wass, que siempre cumple; y Maxi, que aún con todo, con Aspas, Nolito y Emre Mor, el Celta sigue echando en falta. Suyo fue el tanto del empate del Valencia, a la vuelta de vestuarios, con un zapatazo al primer toque que mejoró el centro de Wass alojándolo en la escuadra.
Antes, mucho antes, en el arranque del partido, Nolito había vuelto a ser Nolito, dando verticalidad, descaro y alegría al ataque céltico. En una de sus arrancadas filtró un pase a Iago, que encaró a Domenech, regateó y alojó el balón en el fondo de la portería. Como si pareciese fácil sin serlo. El hincha gritó gol muerto de miedo. El fútbol en época de Covid y del VAR. Cuestión de milímetros. Salió cara. Ahora sí: ¡gol!
No quedó ahí la cosa porque el Celta quería más. Así fue todo el partido. Un equipo valiente, la cabeza alta, siempre mirando hacia adelante. La tuvo Nolito, lo intentaron Mor y Tapia desde lejos. Un Tapia que acabó el partido lesionado, pero que huele a fichaje del año. Pierna dura y bien posicionado; el equipo antes del lucimiento. Él y Murillo dan un punto de agresividad y liderazgo imprescindible.
Ambos no acabaron el partido y, casualidad o no, esos minutos finales fueron los de mayor agonía celeste. La tuvo Maxi en un libre directo que sacó Villar con una mano tras dudosa posición de la barrera. Y la tuvo el azar en dos balones aéreos y dos choques, que con el VAR siempre vigilante, podían haber salido cruz. Un sufrimiento previsible que se podía haber evitado si Brais o Baeza -que entraron en el segundo tiempo por Beltrán y por Mor- no se hubiesen topado con el palo.
Obstáculo que no encontró Iago en el 2-1: un libre directo al borde del área, en la media luna, que el de Moaña alojó en la escuadra derecha del Valencia. Uno de esos tantos que valen una entrada que hoy no existe, y que permiten gritar gol sin ningún miedo. De pie, con la boca abierta, pero ¡gol!.
Apenas 180 minutos de liga, sí, pero con cuatro puntos. El Celta duerme líder con el Villarreal, lo que en la segunda jornada de un campeonato que se juega en mitad de una pandemia, en la que algunos aún no han empezado y otros todavía no han jugado, no quiere decir nada. O tal vez sí. Al menos la voluntad de empezar; de no volver a asomarse a aquel abismo. Tan lejos queda ya ese mes de julio.

