El Celta cosecha la cuarta derrota del año en Balaídos ante un Sevilla que sólo tira a puerta en el gol de Mir
Vuelve el fútbol de verdad a Balaídos, el de la liturgia infiel de los domingos, el de después de comer a la hora en que la siesta es una tentación que vence la pelota, el de las riadas de hinchas temblorosos que se acercan al estadio, hoy sí por fin con libertad. Con el aforo completo que no termina de llenar, porque acude el Celta a la cita contra el Sevilla dubitativo, con los temores de otros tiempos, de otra época, de antes del Covid y del ‘Chacho’. Y, sin embargo, esta es la realidad que, en el arranque, trata de desvanecer la escuadra celeste, por fin presionante, por fin decidida sobre la salida de balón del conjunto andaluz.
El cambio de actitud es suficiente para encerrar al Sevilla, para volver a creer, para romper a sudar y no parar. El Celta es dueño del partido, pero los de Lopetegui son una roca tranquila que las bajas erigen sobre tres centrales y dos falsos carrileros que no suben.
No desesperan los locales, y siguen presionando y percutiendo, buscando un gol que se resiste y que tienen Denis, primero, tras una buena jugada en banda izquierda, y Mina, después, en un intento fallido desde casi medio campo.
Mismo escenario pero más profundidad en la reanudación, cuando retornan de vestuario los celestes con la intención de presionar, sí, pero también de ser más verticales. Así alcanza la línea de fondo primero Mallo, en fuera de juego, y luego Nolito, que cede atrás para que Brais encuentre alguna de las piernas que forjan la muralla sevillista.
La siguiente ya no es un ‘uy’, es gol que termina siendo palo tras una buen jugada de Nolito, que gira sobre sí mismo en medio campo, y ya de cara, lanza en la carrera a Iago, que sin querer queriendo deja sólo ante Bono a Santi Mina, que ajusta tanto que golpea el exterior de la madera.
Pero el fútbol es cruel, más si cabe con el débil, con el que propone y nunca encuentra, con el que aspira y no llega, con el que quiere y no puede, con el Celta, que en un mal achique sobre Suso permite que el media punta arme su zurda en un tiro que rebota sobre los dos centrales celestes, en un zigzag eléctrico que termina por cazar Mir, alma solitaria que pulula por el lugar exacto del área que le permite batir a un Dituro ya batido.
Vuelve a la carga el Celta, que no se desanima pese a todo. Sin embargo, el Sevilla, los cambios, la lluvia y la tristeza de la tarde comienzan a dormir el duelo, que camina aburrido hacia el final. Un final igual que otros, igual que tantos este año. Y pese a todo, distinto, con la esperanza de que esa presión alta se mantenga, de que ese Celta del ‘Chacho’, ya añorado, vuelva a tiempo. Próxima prueba, Getafe, en horario anti liturgia, un lunes a las nueve de la noche.