Hay que saber de dónde venimos

Foto: CRTVG

«Tarde llega la esperanza en estas líneas, cuando piensen en un imposible, en que no nos vamos a salvar, piensen que Williot lleva 3 goles en 100 minutos, y quizás ese Zico que vino del Hielo, ese Kaká escandinavo, sea esa flor en el culo que siempre tuvo Mouriño el primero, y que esperamos mantenga Mouriño, la segunda»

Y como hemos recorrido ese camino, añadiría yo al mantra que ha presidido el efímero paso de Rafael Benítez por el Celta. Efímero para lo que el apostaba, un proyecto a tres años decía; dígale eso a su jefe usted que lee a ver si cuela.

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Este viaje es largo y tortuoso, y a mí me ha costado semanas comenzarlo. Déjelo ahora que está a tiempo antes de adentrarse conmigo en la eterna tormenta de chapuzas y malas decisiones que es el Mouriñismo, la saga.

Cuando el martes pasado vi al Cholo Simeone postrado como un sacerdote en Semana Santa en la tanda de penales de octavos de final de Champions pensé en la de años que lleva ahí ese hombre, si sería capaz de hacer algo similar en otro escenario, y en cómo en sus 13 años en el Atlético de Madrid ha conseguido instalarlo con asiduidad entre los 8 mejores de Europa, y lo impresionante que es esa hazaña.

Ha ganado Ligas, Copas, ha desperdiciado jugadores con potencial, pero ha sacado mucho más normalmente de una plantilla que no siempre era adecuada a lo que le exigían desde una grada a veces demasiado olvidadiza. Hay que saber de dónde venimos, y de una directiva más pendiente de su bolsillo a corto plazo que de asuntos o planificaciones deportivas, los Gil y secuaces, la saga.

Quizás el Cholo, me temo que nunca lo sabremos, no sería capaz de replicar su éxito en otro club, la implicación emocional, el conocimiento del club, la experiencia previa como jugador y la que ha ido ganando son demasiado importantes en la ecuación. Puede que si se fuera le pasase como al Toto.

Ahí empezó a torcerse lo que había enderezado Carlos Mouriño tras haberlo torcido todo previamente. Después de 3 semifinales en 2 años, de ahí también venimos Rafael, al cementerio de Vieiras.

Eduardo Berizzo se despidió del Celta y comenzó un penar que le ha llevado a ser despedido o tener que dimitir de todos los sitios en los que ha trabajado. Al Toto, nuestro patrón oro de gran entrenador, lo tuvieron que sacar de Bilbao porque los bajaba, y aprovecharon su enfermedad en Sevilla para deshacerse de él, porque los bajaba. De Paraguay o Chile se ha tenido que marchar con pena y sin gloria.

El Toto contaba con Radoja, Tucumán Hernández y Wass, contó con un Nolito en plenitud y con un Aspas en el pico de su inteligencia y forma física. Qué haría el Toto con el ‘dúo Tik Tok’ Beltran y Luca: hay que grabarlos en vertical para que parezcan más grandes y las cosas interesantes que hacen caben en videos de menos de un minuto.

La salida del Toto no la entendió nadie, o la entendimos todos. Carlos, el Mouriño primigenio, tiene un ego que le pierde, sus peleas con la ciudad o con el alcalde, el protagonismo y el cariño que aglutinaba el Toto hacía olvidar aquellas “espontáneas” pancartas en apoyo del máximo mandatario mexicano. Quizás ahí esté la clave, las aventuras americanas de Mouriño, ese relato de celtista en la diáspora tan bien construido, las costumbres que había adquirido en las altas esferas del país azteca, el poder de su familia política y luego la suya le habían dado hábitos de cacique que no resultaban en este lado del charco.

Llegó Unzué tras el Toto porque Carlos Mouriño había quedado prendado de los métodos de Luis Enrique, dejen que esa frase rebote en su cabeza. Mouriño el primero es un genio, no cabe otra explicación.

Llegó Maxi Gómez, Lobotka o Emre. Al Celta le parecen buenas ideas estas cosas y aquí podemos empezar a establecer patrones que nos dirán eso que tanto gustaba recordar a Rafa Benitez, de dónde venimos.

Maxi costó 4 millones y marcó 17 goles en su primera temporada y 13 en la segunda. A Maxi lo intercambiamos en aquella operación retorno ideada por Mouriño, la segunda ahora primera presidenta femenina de nuestra historia, Isto vai de corazón. Con el corazón trajimos de vuelta a un canterano que salió de Vigo mal y acabó volviendo con un juicio por violación pendiente, imagínense cuando a las oficinas del Valencia les plantean sacarse ese marrón de encima además de traerse al delantero que querían.

Y se fue Maxi y sin Iago nunca ha vuelto a ser aquel que metió 30 goles en 2 años. Larssen lleva 13 a punto de finalizar su segundo curso.

Emre Mor, la joya del Bósforo, el tonto más tonto de dos continentes. El Celta creyó buena idea ir a Dortmund en el verano que el Borussia había rascado más de 100 millones por Dembelé. Al Celta no le pareció raro que el que en teoría debería ser su sustituto estuviera en venta y pagó 13 millones por un jugador que se convirtió en el epítome de la mouriñada.

Y le pareció normal y no sospechó, y como estaba en plantilla Pione Sisto que estaba como las maracas de Machín no vió fantasmas ni relación alguna ni se percató de que había un tipo que podría tirar todo su potencial a la basura por su mala cabeza; nadie quiso hilar los puntos y nadie vio paralelismo, quizás algunos.

Y como de la chapuza el Celta hace un patrón, años más tarde fue a Lisboa, preguntó por Cervi, y no le pareció extraño que un equipo acostumbrado a trasquilar a toda Europa le pidiese un precio razonable a él, porque no se da cuenta la directiva del conjunto celeste que es lo que sucede cuando en una mesa de póker no ves a ninguno con cara de tonto.

Y pasan los años y resulta que vas a Bilbao, a hablar con un equipo con unas restricciones autoimpuestas para fichar, al que le es complicadísimo conseguir jugadores que puedan vestir su camiseta, y te traes a un central que tiene porte y en teoría salida digna de balón. Y te parece normal que un equipo que pagó 2.000 millones de pesetas por Roberto Ríos porque no había centrales vascos te ceda a ti dos años a un defensa, y te diga que sí que para ti, por 10 millones en un par de años, lo que quieras pero aquí que no vuelva.

Y como Unzué no tenía experiencia y aquello no salió muy allá trajimos a un excéntrico argentino que estaba en México, y a Mohamed se lo cargaron tras perder con el Real Madrid. Mohamed, altivo, siempre desafiante, no parecía tener claro que su fama seguramente bien merecida se había quedado en el país azteca y que en Europa no era nadie.

Y perdió contra el Madrid y se fue, y hablaba como si fuera alguien, pero lo era en otro sitio, como le pasaba a nuestro Rafael que tampoco tenía claro donde estaba y hablaba como si fuera alguien, pero eso ya había pasado, y al final se lo cargaron tras perder con el Madrid.

Y de Mohamed se pasó a Cardoso y de Cardoso cuando la cosa se puso mala se pasó a Fran Escribá. Pero Escribá era un tipo aburrido que quería fichar gente profesional y no promesas para pegar el palo si salían bien.

Y de Escribá se pasó a Oscar García, que es otro patrón de la familia. El patrón canterano del Barcelona, Portugués, exjugador del Celta en bucle. Lo de Oscar acabó como el rosario de la aurora, dicen que enzarzado con la plantilla, plagada dos nosos en aquellos días. Así termina también Benítez, o eso se deja ver en la salida del técnico madrileño.

Quien no es capaz de imaginárselo como un abuelo cebolleta contando cómo colgó a 11 jugadores del larguero durante una Champions entera y acabó ganándola. Esa táctica, patrones siempre patrones, es la que Rafael utilizaba en los restaurantes y en los finales de partido.

La sangría de puntos que el Celta iba perdiendo en los últimos minutos, con una plantilla deficiente en lo físico y con la capacidad de atención de un calamar, fue hundiendo a los celestes en la tabla.

Un grupo de jugadores endeble, sin carácter ni calidad y con la personalidad justa recibía desde la banda la orden de achicar y virgencita que me quede como estoy y así, tratando de quedarse como estaba, perdía lo que tenía cada domingo.

Y tras Oscar vino el Chacho, que pasó unos años tranquilos con momentos inicialmente esperanzadores, con una idea similar a la del Toto, pero con Beltrán en vez del Tucu, y así se pasa de hacer semifinales a ser intrascendente.

Y se fue el Chacho, porque la verdad aquello ni arre ni so, y tocaba un señor de Portugal y lo que sucedió es algo que sucedió muchos años atrás, que la chapuza perpetrada por Mouriño la salvó un canterano con dos goles el día que tocaba.

Y llegamos al verano del amor, Anton hizo un himno que superaba toda expectativa. Fueron días felices, fugaces, pero felices. Se respiraba ya aquello de que Carlos I de Mou se iba, y estaba el himno, y se rompió el patrón de entrenadores y se fichó a uno de postín, pensábamos ilusos que aquella vieja gloria traería exigencias en fichajes y demandaría dotar de estructura al equipo, pensábamos que quizás la rama había caído lejos del árbol, que Marián había aprendido de los sufrimientos de su padre.

Y al final malvendimos a Gabri Veiga, no nos lo compraron, Benitez, cementerio de Vieiras, camposanto de ternera gallega, sepulcro de percebes, vino a trincar y a pasear una actitud divo del ayer con el dedito levantado.

Y no se fichó nada, no se arregló el problema físico del medio campo ni el de concentración de la defensa, se trajo a un portero de 37 años echando pitillos y reconociendo que en verano no había pisado un gimnasio, y aún así le quitó el puesto al olímpico canterano.

Y aquí llegamos a una nueva etapa, Claudio Giraldez, con todos sus méritos, y esperemos que con muchos más a partir de ahora. Trabajo sin pega en el Celta B, posiblemente el único entrenador profesional dispuesto a cogerle el teléfono a un Mouriño, y el que menos tiene que perder en esto. Se necesitaba el cambio y llega tarde.

Tarde llega la esperanza en estas líneas, cuando piensen en un imposible, en que no nos vamos a salvar, piensen que Williot lleva 3 goles en 100 minutos, y quizás ese Zico que vino del Hielo, ese Kaká escandinavo, sea esa flor en el culo que siempre tuvo Mouriño el primero, y que esperamos mantenga Mouriño, la segunda.