El Celta empata contra el Betis tras adelantarse con un gol de ‘pillo’ de Nolito en un barrera mal colocada
Los de Òscar García bajan la intensidad y el nivel de juego en el segundo tiempo permitiendo a los andaluces empatar, previo aviso en forma de penalti de Rafinha que el VAR, por fortuna para los locales, corrigió inexplicablemente
«El futbolista debe ser pensante, inteligente, con capacidad interpretativa de cada una de las variantes del fútbol». El ‘loco’ Bielsa expone en una frase uno de los secretos peor guardados de este maravilloso deporte, que en lenguaje futbolero y de taberna podemos resumir en un tópico, en uno de esos lugares comunes que simplifican la existencia: el futbolista ha de ser pillo. Y en ese grupo anda Nolito destacado. Un latigazo de su inteligencia emocional, golpeando por fuera de una barrera mal fijada una falta lateral, puso al Celta en ventaja en el minuto 22. Tal vez demasiada. Tanta, que unida a la modorra de la tarde, terminó por derivar en una siesta y en el empate del Betis en el segundo tiempo.
Pueden pensar los celestes, y seguro que no andan desencaminados, que es un punto más y una jornada menos; que después del varapalo de Mallorca tocaba volver a las raíces de la época Junyent: orden, defensa y rigor táctico. Se acercaron más al objetivo en la primera parte, donde desactivaron por completo a un Betis moribundo, con pinta de cadáver aburrido, al que le han sobrado todos y cada uno de los partidos de esta ‘nueva normalidad’. Por fortuna para ellos, habían sumado puntos suficientes antes de que el Covid pusiese el mundo patas arriba.
Y por fortuna también para los andaluces, el Celta acabó por sestear, en un segundo tiempo en el que el equipo se deslizó, de modo casi imperceptible pero imparable, hacia los parámetros defensivos del duelo de Mallorca. Tanto, que ya antes del empate de los sevillanos, Rafinha había cometido penalti sobre Guardado. Lo revisó González Fuertes en la tele a pie de campo, tras otros minutos de absurda deliberación con su pinganillo y su conciencia; y en ese momento, todos los atendemos a la verdad de las cosas, intuíamos que no había escapatoria… Y sin embargo la hubo: el árbitro anuló la pena máxima.
No entendió el Celta aquello como un aviso clamoroso de lo que podía pasar si seguía con la siesta… tanto cuesta a veces despertarse. Y así, a los pocos minutos, en un corner maquillado por el fútbol moderno -de esos que se toca en corto para acabar golpeando en largo-, el balón sobrevoló el área local; Loren -en posible fuera de fuego- trató de acariciarlo desviando la atención de los centrales; y aterrizó finalmente en el muslo de Feddal. Allí la pelota se puso juguetona, elevándose al tiempo que giraba sobre sí misma en una danza claustrofóbica, susurrando al brazo extendido del central, y caía a plomo pidiendo una volea. Le hizo caso el marroquí, que alojó el balón sin titubeos en el fondo de la red.
Nadie en Vigo pensó en reclamar nada, porque a fin de cuentas todo resultaba una especie de poética justicia. De ahí hasta el final, poco pasó. Un carrusel de cambios, el sol apretando las gradas vacías del estadio, siete minutos de añadido, y un punto que alegra a todo el mundo. Al Betis, porque frena su caída hacia ninguna parte. Y al Celta porque, a fin de cuentas, un punto es un punto. Aventaja en seis al Mallorca quedando sólo doce para el final de este viaje. Tierra a la vista.

