Fútbol, Iago y victoria para empezar el año

Aspas coge la pelota antes de lanzar el penalti que supuso el primer gol. Foto: LaLiga

El Celta se impone al Betis en el Villamarín con dos goles de Iago Aspas y un buen partido colectivo que lo alejan siete puntos del descenso

Es una tarde primaveral de invierno en el Villamarín –o como quiera que se llamen los estadios comerciales en tiempos de pandemia-; es una tarde cargada de nostalgia con sabor a morriña, con acento gallego, con aroma de año nuevo que quiere dejar atrás la liturgia pagana de gradas vacías y horarios despóticos que escupen anarquía. Es, a fin de cuentas, domingo, y son las seis y media de la tarde, y juega el Celta, y juega Iago. Y eso es suficiente para alegrar cualquier historia, cualquier relato, cualquier partido de ayer, de hoy, de siempre.

Iago anticipa la llegada de los Reyes, como anticipa a cada instante la jugada. Es el más listo, el más competitivo, el que mejor lee los partidos, el que más calidad, técnica y talento suma. Sólo le falta ser también el más guapo, pero eso poco importa. Y a cada detalle, a cada gol que acerca la victoria para mirar arriba, para comenzar el año con buen pie, uno se llama a la reflexión. ¿Hemos perdido así los mejores años de nuestra vida? ¿El mejor momento del mejor jugador de nuestra historia?

Diríase que sí. Pero qué importa. Hoy no. Hoy da igual porque el Celta juega y gana. Porque salen bien los del Chacho, decididos, tirando la presión arriba pese a las bajas en defensa. Ómicrom se ha llevado media zaga desplazando a Aidoo al lateral derecho e inventando una nueva pareja de centrales -Okay y Carlos Domínguez-, que mejora lo que había. Algo que habla mal de unos o bien de otros, según se quiera ver el vaso medio lleno o medio vacío.

La otra banda, la zurda, es la única que respeta el dibujo original, con Galán y un Cervi cada vez más asentado, que está aquí y allá, que fluye, que es preciso, que combina y que, por fin, tampoco es tarde si la dicha es buena, comienza a justificar tantos mercados de romance y los cinco millones pagados al Benfica.

En esos quince minutos iniciales deja el Celta una jugada que merece mejor suerte: Okay cruza y toca en la salida para Beltrán, que descarga sobre Denis, que a su vez prolonga para Brais, que busca a Santi, que tira una bicicleta y golpea raso entre las piernas del central. La mano abajo de Rui Silva evita la tragedia verdiblanca.

Luego crece el Betis, del 15’ al 30’ el duelo es suyo, aunque no acaba de generar peligro de verdad. Alguna falta lateral con rosca de Canales, y empuje, mucho empuje. Resiste el Celta hasta que Galán y Cervi, otra vez, enganchan una jugada en banda izquierda que acaba con el extremo argentino arrollado por Guardado. Punto de penalti: decide Aspas suavemente, al centro, observando con la mirada como se tumba a un lado el meta portugués.

Ahora se repliegan los del Chacho buscando el túnel, oxígeno y oro irse por delante al vestuario. Apenas un minuto de descuento y sigue su batida el Betis, en busca del arco de Dituro. Pero de repente, a cinco segundos del descuento, se arma la contra que lanza rápida Brais a la carrera de Santi Mina. El 22 filtra el pase a la espalda de Ruíz, pero el toque es malo y el central anticipa con suficiencia, queriendo jugar limpio e ignorando que por allí corre el más listo de la clase. Iago anticipa, se interna en el área, se cruza para que el defensa bético no pueda tocarlo, regatea al portero y la empuja con la derecha para hacer el 0 a 2. Son apenas diez segundos que deberían enseñarse en todas las escuelas. En todas. Porque es un maravilloso compendio de pillería, inteligencia, competitividad, fe, clase, talento, calidad y gol.

Vuelve el Celta al campo decidido en la segunda parte, y sigue haciendo daño por la banda de Galán y de Cervi. Por ahí llega en el primer minuto un centro de éste que termina en las botas de Mina, que estrella la pelota en la madera.

Se escapa la posible sentencia y crece el Betis, que empuja de nuevo buscando un gol que le devuelva la fe. Lo sabe el Villamarín, que arrecia, y lo sabe Pellegrini, que mete a Fekir y a Borja Iglesias de una tacada con más de media hora por delante.

Aprieta unos minutos el Betis, pero el Celta fundamenta su defensa sobre la pelota. Se asocian Brais, Cervi, Iago y Beltrán, que también crece para arrancar el año… y duermen el partido. Le cuesta a los locales que, sin embargo, pueden activarse en el 69’, con un centro de Alex Moreno que roza Galán en el despeje, dejando el esférico muerto, con un suave bote con aroma de gol. La revienta Carvalho, pero el propio lateral celeste, ya de pie, pone su cuerpo para enviar a córner.

Sigue tocando el Celta, que tiene el plan claro y se gusta en la pelota, fiel reflejo de un equipo solidario y decidido. Así, en otra jugada maravillosa que pasa por los pies de Iago Aspas, acaba la pelota en Santi Mina, que chuta de exterior y de primeras para lucimiento, otra vez abajo, de Rui Silva.

El choque enfila la recta final y suceden ya pocas cosas. Las gargantas embravecidas de la hinchada comienzan a apagarse. El Celta, como en Doctor Jekyll y el señor Hyde, ofrece su versión buena, la del foráneo, la del equipo que suma ya cinco jornadas seguidas puntuando lejos de Balaídos. Y se dispara siete puntos por encima del descenso para cerrar la primera vuelta. Un soplo de aire fresco para comenzar el año.