La práctica se popularizó en Europa en la década de 1970, en un contexto de crisis energética, como una forma de minimizar el consumo eléctrico
Este fin de semana, en la madrugada del domingo, España retrasará sus relojes una hora, de manera que a las 03:00 serán las 02:00. Este ajuste corresponde al horario de invierno, una práctica establecida desde hace décadas en diversos países con el objetivo principal de aprovechar mejor las horas de luz solar y, en teoría, reducir el consumo de energía.
La implementación de esta medida tiene sus raíces en el supuesto ahorro energético, bajo la idea de que, al ajustar los relojes, se reduce la necesidad de usar luz artificial en las horas de actividad laboral y doméstica.
La práctica se popularizó en Europa en la década de 1970, en un contexto de crisis energética, como una forma de minimizar el consumo eléctrico. Con el cambio al horario de invierno, se busca adaptar el horario a las horas de luz natural en los meses de menor luminosidad, especialmente en países de latitudes elevadas donde la duración de los días varía considerablemente con las estaciones.
Sin embargo, en los últimos años han surgido debates sobre la efectividad real de este cambio en términos de ahorro energético. Con la evolución de la tecnología, el consumo eléctrico ya no depende tanto de la iluminación, pues dispositivos y equipos de climatización representan una gran parte de la demanda energética actual. A esto se suma la preocupación de los efectos del cambio horario en la salud y el bienestar de las personas, ya que algunas investigaciones sugieren que esta alteración puede afectar el sueño y el rendimiento.
Pese a las críticas y a la posibilidad de abolir este ajuste en Europa, en España el cambio de hora sigue vigente. Así, en la madrugada del próximo domingo 29 de octubre, al retrasar los relojes una hora, oficialmente dará comienzo el horario de invierno.

