Festivales y eventos perdidos convierten a Vigo en un páramo cultural

La permanencia de O Marisquiño lograda in extremis no esconde diez años de cancelaciones continuadas de actividades culturales y deportivas por falta de apoyo público en la ciudad

Que O Marisquiño, un evento que llevaba casi 20 años afianzado en la ciudad, decidiera abandonar Vigo representó un serio mazazo para los habitantes de una ciudad que empieza a acostumbrarse a la pérdida de festivales y eventos culturales. Es cierto que las administraciones reaccionaron y al incremento de la inversión hecha en primera instancia por la Xunta se sumaron después otras instituciones. Eso permitió frenar la marcha de O Marisquiño sin lograr con ello que olvidemos un decenio de reducción en la oferta cultural y de ocio en la ciudad.

Vigo está convirtiéndose en un páramo cultural porque a la marcha interruptus de O Marisquiño se sumaron otras fugas sí consumadas. Fugas que completan una larga lista de festivales, certámenes e hitos culturales que desaparecen del calendario de actividades vigués simplemente porque el personalismo y la falta de sensibilidad de aquellos que pueden tomar decisiones han provocado que todo aquello que no lleve la marca personal de quien gobierna, no interese. Y a continuación, algunos ejemplos.

¿Quién no recuerda todo lo que movía el Festival Aéreo que se celebraba en Samil? Todas las familias estaban pendientes de que llegase ese domingo, atraía a gente de fuera, los niños recordaban durante meses esa jornada y algunos no tan jóvenes aún recordamos con añoranza aquel fin de semana en el que Vigo era un hervidero de gente que nos permitía compararnos con importantes ciudades del mundo que albergaban espectáculos de esta naturaleza.

¿Y el Concurso de Saltos Internacional? Ese certamen nos situaba en el mapa del mundo de grandes eventos, con jinetes llegados de todas partes y con un público que abarrotaba el Ifevi para ver un espectáculo digno de una gran ciudad.

¿Y la Volvo Ocean Race? La vuelta al mundo en vela no sólo atraía visitantes. Además, nos situaba como una ciudad puntera en este deporte.

Por desgracia, sobran los ejemplos. El Festival Are More, reconocido evento de música culta, el más importante de Galicia, y que fue suprimido en 2010.

O el Imaxina Sons, un festival de jazz que acercaba a los vigueses este género musical y democratizaba sonidos que, originarios del otro lado del Atlántico, tenían espacio en la entonces agitada vida cultural olívica.

O el Para Vigo me Voy, que creó una marca propia con el nombre de nuestra ciudad y que era ampliamente reconocido por la crítica. Aquel nombre ha degenerado en el De Vigo me voy, que es la práctica generalizada de unos organizadores culturales que ya no tienen estímulos para promover este tipo de eventos en la ciudad.

El Festival Alt (de Artes Escénicas) tuvo que despedirse en 2017 porque no tenía apoyo municipal. El Vigo Transforma que contaba con grupos musicales de reconocido nivel y que se celebraba en el puerto, también nos dijo adiós, muy buenas. Y también hemos dejado escapar el Rally Rías Baixas, que llenaba nuestras calles de ambiente automovilístico.

Y si ahora pensamos qué elementos ofrece Vigo para vender su imagen fuera de los límites de la ciudad la respuesta es solo una. Luces. Luces de Navidad. Nada más. Hemos perdido hasta 10 eventos deportivos y culturales de nivel internacional y los hemos sustituido por iluminación urbana estacional.

Vigo es mucho más que bombillas. En ese tránsito entre la multiculturalidad de la primera ciudad de Galicia y el Vigo pone todos los huevos en la cesta de la Navidad, hemos perdido prestigio, marca, reconocimiento internacional, ingresos económicos y, apelando a la nostalgia, imágenes para el recuerdo.

Las fiestas navideñas duran 15 días. Un mes si contamos las fechas previas. Pero Vigo merece 365 días de actividad musical, deportiva, cultural. Tenemos que alimentar los anhelos de consumo creativo que tiene una ciudad indomable e inconformista que no se siente satisfecha solo de contemplar guirnaldas entre noviembre y enero. Vigo fue más que todo ese y debe trabajar por una programación a la altura de la ciudad que somos.