Feliz Domingo de Pascua en la Catedral

Beltrán celebra su gol, el segundo del Celta. Foto: LaLiga

Un Celta vistoso y pragmático a parte iguales se impone en San Mamés con goles de Iago y de Beltrán en el primer tiempo

Después de las tinieblas siempre surgen las luces. El sol perezoso del invierno cede al calor que adereza la sangre y dispara los sentidos, al viento alegre que anticipa un poco de esperanza, a la Pascua que entierra la Pasión. A las seis y media corre la pelota en la Catedral, que siempre viste bien, bajo una cortina de agua de otra época, o con el sol brillante de esta tarde, donde el Celta se busca, se encuentra, y recoge una victoria a domicilio tres meses y medio después de la última cosecha, en el Villamarín, el segundo día del año.

Lejos, muy lejos. Un centenar de días que despojan el alma del hincha de ilusión, enterrada en la melancolía del algún objetivo imposible que añorar. Mitad de la tabla. Demasiado abajo para pensar en el Viejo Continente; demasiado arriba para temer por el descenso, ese infierno insoportable de otros años que, a fin de cuentas, dispara la emoción y el sentimiento, todo aquello que anhela cualquier fiel.

Algo que el Celta ya ha vivido, incluso con Iago, el mejor futbolista que este equipo pueda imaginar. Hoy, una de una en el inicio para desatascar la salida de los suyos. La pelota se mueve con fluidez, de lado a lado, hasta que llega al capitán, que remata de primeras a la red. Apenas diez minutos y el escenario comienza a despejarse.

Dos minutos después, Dituro mantiene viva la renta con una excelente intervención a chut de Berenguer desde la frontal. Es el detonante, el punto de apoyo de un Celta que crece y crece hasta el descanso, que provoca algún pito aislado en San Mamés, que se reencuentra con el juego y con las ganas demandadas por el Chacho esta semana, que presiona, que achica, que roba y que sale con sentido.

En una de esas, pasada ya la media hora, Galán gana la línea de fondo y pone un pase atrás que intercepta la zaga bilbaína buscando una salida rápida que anticipa Araujo, que cede rápido a Beltrán. El 8 no lo piensa y la pega desde más de treinta metros, desafiando a esa nueva estadística de LaLiga, que le otorga el 1,7% de probabilidades de éxito a ese tiro. Un balón golpeado de empeine lateral, que parece que va a derecha y rompe a izquierda, dejando a Unai Simón con el escorzo tardío antes de suponer el 0 a 2.

No le gusta a Marcelino lo que ve, y agita el árbol al descanso con un triple cambio que persigue recomponer lo que se ha roto. Entran, de golpe, Villalibre, Zárraga y Nico Williams en lugar de su hermano Iñaki, de Vesga y de Sancet. Ruge San Mamés, bufanda al viento, tratando de insuflar vida a los suyos en la pugna por Europa, cada vez más lejana a medida que pasan los minutos, que el tiempo corre y el Celta cierra las vías de acceso hacia Dituro, en un ordenado ejercicio de orden y lealtades defensivas.

Así, poco a poco, pasa el tiempo sin que pase nada más. Los del Chacho, cómodos y solidarios, mantienen, por una tarde, la atención suficiente para evitar siquiera un ‘uy’. Tan turbia está la cosa, que Marcelino cambia el toque por el choque, la elaboración por el fútbol directo, el talento por la casta, y entra Raúl García por Muniain. Y todavía con 20 minutos por delante, agota los cambios por lesión de Villalibre, a quien sustituye Nico Serrano. Coudet aprovecha la ventana para realizar una triple sustitución: Nolito entra por Mina; Murillo lo hace por Kevin, apercibido, desplazando a Aidoo al lateral; y Tapia sienta a Cervi para echar más cemento al bloque armado.

Se desespera el Athletic y toca el Celta, que ahora acuna el partido entre el susurro de una sinfonía de pases con sentido en un medio campo reforzado. No tiran a puerta los vascos; no lo hacen en todo el segundo tiempo hasta el 88, cuando Raúl García remata de cabeza un centro lateral de Nico Willimias que permite a Dituro lucir figura abajo, mano estirada para dejar la puerta a cero.

Y así, casi sin esperarlo, el Celta resucita el Domingo de Resurrección, vuelve a ganar fuera de casa tres meses y medio después, se reencuentra con aquello que un día fue. Retorna el ‘Chachismo’ de modo inopinado, y lo hace para dejar la nave amarrada en la Primera; undécimos con 39 puntos. Demasiado tarde para soñar con algo más. Suficiente para recibir la Pascua con un poco de alegría.