Un Celta impotente cae 0-3 ante el Barcelona en un duelo que los visitantes jugaron con 10 toda la segunda parte
Ansu Fati, Olaza en propia puerta, y Sergi Roberto marcaron los goles de los de Koeman
«¡Eso es to, eso es to… eso es todo amigos!». La tartamuda frase de Porky cierra los capítulos de Looney Tunes y Merrie Melodies desde hace casi un siglo. Con una asombrosa sencillez, reforzada por el efecto involuntario de esa repetición del «to», la sentencia surge como una entrañable despedida. Un compendio de naturalidad: no hay nada más, amigos. Cuatro palabras perfectas para resumir lo visto esta noche lluviosa de otoño en Balaídos. Esto es todo amigos. Esto es lo que hay.
Y lo que hay, en el caso del Barcelona, poco tiene que ver con lo que había no hace tanto. Al menos en actitud. Y, sobre todo, en la valentía de apostar por un crío que aún no ha cumplido 18. Porque cada vez que un canterano despunta en la Masia, el mundo se pregunta ‘¿y si…?’. ¿Y si fuese el nuevo Messi? No lo será; Leo sólo hay uno. Pero Ansu Fati tiene algo: una mezcla casi sobrenatural de bondad en la mirada y diablura en cada gesto. Como el del primer gol, en el que con un control orientado y un remate de exterior comenzó a enterrar, en un breve chispazo inferior a dos segundos, las ilusiones celestes.
Y lo que hay, en el caso del Celta, es lo que hay. Mucha voluntad, aún más trabajo, pero poco más cuando eso no viene acompañado de un chispazo de genio de Moaña. Hasta la fecha, Iago se ha había sacado de la chistera tres maravillas que valieron cuatro puntos; el quinto fue cosa de Tapia y de Murillo en aquella primera batalla de Ipurúa. Hoy, sin truco de mago de por medio, el Celta se quedó a cero, inferior e impotente ante un Barça que ya no es lo que era hace bien poco, y que incluso con uno menos por la expulsión de Lenglet al filo del descansó -doble amarilla justa-, hizo méritos para golear a los celestes. Y eso es todo amigos.
Por el medio sucedieron muchas cosas, tantas como a buen seguro Óscar García querrá que pasen de aquí al lunes. Al menos en los despachos. Tal vez un nueve que remate todos esos centros llovidos de Mallo y de Olaza en la segunda parte; tal vez la magia de Rafinha que pueda acompañar a la de Iago; tal vez, quien sabe, si un portero… Soñar es gratis.
Lo cierto es que lo que hay no da para más. Y eso, así de simple, es todo, amigos. El Barcelona fue superior con 11, y también con 10. Podrá decirse que le ayudó la fortuna, el autogol de Olaza a la vuelta de vestuarios, aún sin tiempo para saber si el cambio de dibujo de tres a dos centrales podía funcionar. Pero el VAR y la falta de puntería impidieron un castigo aún mayor a ese 0-3 sellado por Sergi Roberto en el descuento.
Antes la había tenido el Celta para entrar en el partido, tras un exquisito pase filtrado de Baeza -que ingresó por Mor en el carrusel de cambios del segundo tiempo- que dejó a Nolito ante Neto. Rechazó el portero y la pelota cayó de nuevo a los pies del canterano madridista, que con aplomo remató con clase al palo corto. La suerte hizo que el balón rozase el pie de Sergi Roberto desviando su trayectoria hacia el larguero.
Pero poco más podrá incluirse entre las ocasiones del Celta. Logró encerrar algo al Barça hacia el final; no dejó de correr bajó la lluvia, en una actitud entrañable y deseable; puso el alma en el empeño… Pero ya saben… Esto es todo amigos.

