El Celta suma el primer punto de la temporada tras un 0-0 en El Sadar en un partido en el que la emoción la puso el arbitraje de Alberola Rojas
Hay noches en las que el tedio soporífero de agosto, bien acompasado por los horarios de LaLiga -más pendiente de atender todas las franjas de la parrilla que de esa hinchada recurrente-, resulta casi insoportable. Partidos en los que nada sucede porque nada debe suceder, que transitan entre bostezo y bostezo hasta el empate final.
Sin embargo, muy de vez en cuando, en medio de esa intrascendencia futbolística, surge un árbitro capaz de poner algo de emoción. Es el caso de Alberola Rojas, verdadero protagonista de esta historia que termina como empezó, con un empate a nada en El Sadar; un relato previsible sólo amenizado por la anarquía del VAR, que puedo dar y quitar a su antojo porque nadie tiene claro cómo va.
Sucedió esta noche a la vuelta de vestuarios, tras una primera parte en la que nada había sucedido más allá de los errores comunes del centro celeste de la zaga. Fallos típicos a los que la hinchada ha terminado por acostumbrarse y que hoy permitieron comprobar que Dituro puede ser un buen portero.
No fue un error, sin embargo, lo que sucedió a los quince segundos de la reanudación, sino una cesión de cabeza de Carlos Domínguez a su portero. El balón venía muerto tras el bote, y el central empujó el aire con los brazos para que el golpeo con la testa cogiese más impulso. Cuestión de física; decisión inadmisible para Alberola Rojas: Kike Domínguez pasaba por ahí y topó con la mano del defensa celeste. Penalti surrealista para aderezar la noche. Más surrealista, aún, si cabe, después de observar, con el partido casi muerto, como otro empujoncito en la otra área -de Moncayola a Santi Mina en la carrera- no fue tenido en cuenta en esta ocasión por el colegiado.
Tal vez por justicia poética, o por mérito propio, Dituro detuvo el lanzamiento sacando la puntera del pie vencido hacia un balón que se colaba por el centro de la portería.
Fue el momento álgido de un choque en el que pocas cosas sucedieron. De ahí hasta el final la tuvo Santi Mina en un mal regate ante el portero, y la pudo cazar el Chimy para Osasuna en otro cabezazo desbaratado por Dituro. Por el camino, un golpe de pómulo con cabeza dejó a Kevin fuera del choque y al Celta en inferioridad con diez minutos todavía por jugarse.
Y cuando Alberola Rojas levantó los brazos al cielo para indicar el túnel de vestuarios, la hinchada celeste sonrió tranquila: el primer punto de LaLiga a la espera de la próxima emboscada, del siguiente VAR, del enésimo horario absurdo veraniego. Será el sábado, a las cinco de la tarde, en Balaídos. Enfrente, el Athletic de Bilbao.

