El parque forestal do Pouso: un lugar donde perderse en la pandemia

En la zona alta de Bembrive se oculta un lugar apacible y silencioso, donde los carballos detienen el tiempo y suavizan el ritmo y un pequeño regato domina la escena en su descenso. Un sitio perfecto para perderse en esta época

Saliendo de Vigo por la Avenida de Madrid, la carretera se inclina hacia la A-55, que transcurre con sus inagotables giros de lombriz. A un lado, la urbe se despide entre edificios, con el eterno relieve de las Cíes sobre el fondo. Al otro, Bembrive comienza su relato, con un pedacito de historia en cada encuentro.

La parroquia se extiende desde las faldas del Meixoeiro hacia el Cuvi, zigzagueando aquí y allá hasta llegar al centro, a la iglesia románica de Santiago, o hacia arriba, buscando la zona do Pouso. Un lugar distante y escondido, que deja a mano izquierda la estrada das Plantas y descubre un sorprendente parque forestal del mismo nombre: do Pouso.

Un bosque en la ciudad en la que los carballos se elevan como antiguas columnas rústicas que introducen al visitante en otro tiempo, o, al menos, en otro ritmo. El que marca un amplio escenario verde y húmedo que recoge todavía los últimos retazos ocres del otoño y del invierno, y apunta hacia una inminente primavera.

Allí todo es silencio interrumpido por el roce de las hojas susurradas por el viento, y por el pequeño regato que atraviesa el paisaje y se apodera, sin motivo, de la escena. O tal vez sí, tal vez tenga motivos, porque su azul alegre, casi blanco, domina el paisaje entre saltos diminutos que discurren bajo puentes de madera, y golpea en cada esquina rocas devoradas por el musgo.

El Pontecela, así se llama ese pedacito de agua dulce, se precipita junto al antiguo Castro de Xestoso, recordatorio de otra época, una distante y misteriosa que muestra, todavía, una muralla medio oculta. Luego, los saltos de agua crecen hasta convertirse en la Fervenza do Xalén, camino de su verdadero destino hace no tanto: los muiños do Pouso y de José María.

Arriba y atrás, volviendo al inicio del Pontecela, la carretera cruza el parque forestal, haciendo do Pouso dos lugares en uno: el Pouso de Arriba, liderado por carballos que se desnudan hacia el cielo, y el de Abajo, que domina el regato a cada instante.

En ambos se suceden mesas, merenderos y parrillas de piedra. Un lugar inmejorable en el que perderse un instante y, olvidar, incluso, que el aire golpea nuestro rostro tras una mascarilla.