El Celta pierde contra el Levante 2-3 y se jugará la permanencia contra el Espanyol dentro de tres días
El equipo, sin ideas y sin la solidez defensiva de hace unas semanas, se complica la vida con polémica incluida: gol anulado a Nolito en el 92
El andaluz, expulsado, no podrá estar en Cornellá, igual que Rafinha, que cumplirá ciclo por acumulación de tarjetas
El maratón de partidos solitarios post confinamiento, vacíos de grada siempre y fútbol mucha veces, comprime las ideas y atenaza las piernas. Una ecuación compleja, que se acrecienta cuando la cabeza no responde agarrotando todo el cuerpo, intrascendente, camino de la nada. Es el miedo que se desliza por el campo, se ensancha, se agiganta y se hace eterno. Sólo así se entiende, en ese cúmulo de circunstancias inherentes a la época de Covid, que un equipo virtualmente salvado hace no mucho, el Celta, sume ahora 6 jornadas sin ganar y mire a la muerte cabizbajo.
El miedo y la nada. Una conjunción perfecta que arrasó Balaídos a manos del Levante, que en media hora marcó tres goles, dos de Bardhi y otro de Borja Mayoral, anulado por el VAR y sus milímetros, y pudo hacer alguno más ante la estupefacción del equipo celeste y de su hinchada virtual.
Sin embargo, porque como diría Boskov «fútbol es fútbol», en el tiempo de un bostezo el Celta se metió de nuevo en el partido. Un córner peinado por Araujo que encontró la pierna de Santi Mina en su camino hacia el corazón del área. Y poco después, al filo del descanso, una diagonal de Aspas a la espalda de la defensa granota, una salida en falso del portero, un recorte y el empate a puerta vacía. Ver para creer.
El Celta alcanzaba el descanso con un pie en la salvación, acompañado por el Granada (que a esas horas ya empataba en Mallorca, donde terminaría venciendo y certificando el descenso del conjunto de la isla), y por la incapacidad del Leganés de marcar en San Mamés ante un Athletic que también a esas horas competía con 10 desde hacía mucho.
Pero Murphy es Murphy, y si algo puede salir mal, saldrá mal. Al final los pepineros se impondrían quedándose a sólo un punto del Celta a la espera de recibir a un Madrid ya campeón. Antes, Borja Mayoral, esta vez sí, volvía a adelantar al Levante en Balaídos al tiempo que Joselu acercaba la salvación al Alavés en el Villamarín. El Celta, atenazado por el miedo, por el maratón insaciable de partidos, por la dejadez inherente a aquella victoria ya demasiado lejana en el Real Arena, por la pérdida del criterio defensivo, por el empoderamiento de la nada, seguía navegando sin timón, tirando de casta y de coraje, por ser finos. Pero sin obtener nada a cambio.
Y como Murphy seguía por ahí, Rafinha ya había visto una tarjeta que le impedirá jugar el domingo en Cornellá. Tampoco estará Nolito, autor del empate en el 92. Anulado por la intrascendencia trascendente del ‘Toro’, que fue a buscar un balón prohibido que había cazado el andaluz para poner las tablas en el marcador. El VAR, ese maldito invento que hace que los partidos rocen ya los cien minutos, volvió a intervenir de oficio, mandando el tanto y la esperanza al mismísimo carajo. Fuera de juego posicional del delantero uruguayo. El supuesto sustituto de Maxi. Y Nolito expulsado en la protesta.
Habrá que seguir remando con la sensación de que la nave se ha convertido en una galera, cargada de futbolistas-galeotes, paralizados por el miedo, prisioneros con sus grilletes, condenados a seguir remando hacia el infierno. Ese que espera a la vuelta de la esquina, con la ilusión, quien sabe, de que el Madrid, ya campeón, quiera hacer Pichichi a Benzemá y destroce al Leganés. A día de hoy, más plausible que la recuperación de un equipo destruido por la nada, víctima perenne de su miedo. Pero quien sabe, insisto, «fútbol es fútbol», y el Espanyol está ya descendido. Bastaría sólo con ganar…

