EL MERCADER DE LIBROS

Augsburgo, 1517. Thomas es un adolescente muy inteligente, hijo único del cocinero de una familia importante. Cuando su padre es acusado injustamente de envenenar a un respetado ciudadano, el joven se ve obligado a huir, en un periplo que le llevará por Italia y Suiza, para recalar en Amberes y finalmente en Sevilla, donde trabajará como mercader de libros y al servicio de Hernando Colón, hijo de don Cristóbal, reconocido bibliógrafo.


La novela histórica está viviendo un renacimiento en los últimos años. Siempre ha existido; siempre ha habido autores que nos han acercado la antigüedad presentando relatos en los que los personajes son protagonistas de acontecimientos que nos hace recordar. En España, quizá como ejemplo más representativo, hemos tenido a Galdós, hace dos siglos. Pero recientemente en España hemos tenido los éxitos de Santiago Posteguillo, Isabel San Sebastián, María Gudín… Y, ojalá, este aragonés que acabo de descubrir, Luis Zueco (Borja, 1979)

La acción comienza en Augsburgo (Alemania), en 1517. Thomas Babel es un adolescente muy inteligente, hijo único del cocinero de una familia importante de la ciudad. Pero su padre es acusado injustamente de envenenar a un respetado ciudadano, por lo que el joven se ve obligado a huir. En su huida irá coincidiendo con distintos personajes, en un periplo que le llevará por Italia y Suiza, para recalar primero en Amberes, donde aprenderá el oficio de impresor, y finalmente en Sevilla, donde trabajará como mercader de libros y al servicio de Hernando Colón, reconocido bibliógrafo, hijo de don Cristóbal.

Me gustó esta novela. Mucho. Sobre todo, porque es un canto de amor a la historia de los libros, diferente al reciente ensayo El infinito en un junco, pero no menos apasionada en su defensa de la literatura y del saber acumulado en sus páginas. El relato sigue los cánones de la novela histórica: un protagonista con el que el lector se puede identificar, esto es, una persona normal, que por diversos avatares de su triste vida, se convierte primero en impresor, luego en lector, y después en mercader de libros, en una época histórica (la novela comienza en 1517) en que la recién inventada imprenta se va implantando por toda Europa, cambiando la perspectiva de muchas personas: los libros se difunden de forma masiva y hace que las nuevas ideas lleguen a muchas más personas.

Además, el autor aprovecha para mostrarnos la realidad de Europa a comienzos del siglo XVI. Una sociedad en plena transformación, que está entrando en la Edad Moderna (algunos personajes lo dicen expresamente, en un error del autor, posiblemente querido así para situar al lector – la clasificación de épocas históricas por edades aún tardará siglo y medio), experimentando cambios que la transformarán radicalmente; no sólo la invención de la imprenta, sino sobre todo el descubrimiento y evangelización de América. Y nos pinta una Sevilla maravillosa, reconocible, española y divertida. Lo dicho, disfruté de la lectura.