El fango se tiñe de celeste

Mina pugna por un balón ante Albiol. Foto: RCCelta

El Celta cae con estrépito ante el Villarreal después de un bochornoso primer tiempo en el que los del ‘Chacho’ Coudet regalaron cuatro goles en apenas media hora

Hay crónicas que se escriben solas, con la ligereza propia de quien ha disfrutado como un niño al trascenderlas, antesala de la propia redacción. Y hay otras que podrían resumirse en una única palabra: bochorno, calumnia, deshonra, humillación, vilipendio, indignidad… Lo que ustedes quieran para concretar la caída hacia el fango, teñido hoy de celeste, mancillado por el fútbol del Villarreal. Son crónicas en las que el alma duele más que los dedos que aporrean el teclado con una impúdica alternancia de furia y abandono.

Porque se puede salir al campo sin Aspas, sin Nolito y sin Renato. Y se puede hacer, incluso, sólo tres días después de que un equipo de 2ºB te haya metido cinco goles. Pero lo que se no puede hacer, bajo ningún concepto, es regalar un gol detrás de otro durante 31 minutos exactos de partido. Un tiempo que resultó eterno y en el que ‘Chacho’, en la banda, transitó desde la agitación inicial hasta la mirada cargada de veneno, chaqueta abierta y sin fular, un hombre devorado por demonios que, probablemente, se transformaron en exabruptos merecidos al descanso.

¿A quién? A todos y a ninguno. Porque el Celta pareció jugar sin nadie. Desde la sombra alargada e intrascendente de Okay hasta la ausencia de Brais, llamado hoy a hacer de Iago; misión imposible, por supuesto. Desde la banda huérfana de Mallo hasta la silenciosa de Olaza. Desde Rubén convertido en bomba atómica hasta Beltrán, tan intrascendente en su función como sorpresivo con un cabezazo al filo del descanso, solitario destello de pudor en una gélida noche de invierno. Desde Araújo hecho bueno por Murillo.

Fría, triste y solitaria noche de pandemia. Y eterna y humillante. Con Okay escupiendo un balón sin alma hacia Denis en el minuto cuatro, perdido por éste ante la inercia de Parejo, que deja solo a Moreno para el primero. Con Rubén entregando directamente la pelota sobre Trigueros en el 13′, que deja solo a Moi Gómez para el segundo. Con Parejo botando una falta lateral en el 19′, que deja sola la bola sobre la red. Con el propio Moreno filtrando un balón en el 31′, que deja sólo a Fer Niño para el 0 a 4.

Pudo haber más, pero el azar, el destino o lo que quieran lo evitó. Ya para el segundo tiempo quedó algún que otro cambio, comenzando por la salida al campo de Holsgrove por un insípido Baeza, y finalizando por la entrada de Alfon por Beltrán. Maquillaje para una noche estéril, que había concluido mucho antes. Allá por el minuto treinta de la primera parte. Tiempo para la reflexión.