El Empire State es Balaídos, ¿o no?

«El Empire State tal vez sea el cacareado nuevo Balaídos, cuya reforma fue anunciada a bombo y plantillo por nuestro alcalde, allá por la primavera de 2014, a las puertas de unas nuevas elecciones municipales»

Amanezco cansado después de una noche de Tebas, de esas en las que te comes un partido que comienza en martes y termina en miércoles porque sí, porque esto España y al día siguiente tus hijos no madrugan. No, al menos, en la mente de LaLiga. Y en ese estado medio comatoso, comienzo a ojear las páginas de los diarios para ir ganando la batalla al sueño, para dar tiempo a la vida a cobrar espacio entre sorbos de café. Y de repente, leo estremecido a nuestro alcalde, Abel Caballero, urgir a la Xunta a finalizar la ampliación del Ifevi: “Es una obra menor, no el Empire State”.

La frase, entre divertida y humillante, más cerca de la estridencia y de ganarle el pulso al titular que de buscar cualquier tipo de mesura o realidad, consigue despertarme por completo. El Empire State, pienso y me sacudo. El Empire State tal vez sea el cacareado nuevo Balaídos, cuya reforma fue anunciada a bombo y plantillo por nuestro alcalde, allá por la primavera de 2014, a las puertas de unas nuevas elecciones municipales.

Entonces, porque el tiempo todo lo cura o lo estropea, Caballero y Mouriño eran ‘amigos para siempre’, capaces de prometerse y prometer. Hasta el punto de que al regidor no le tembló el pulso al asegurar que el nuevo estadio estaría listo a comienzos de 2017. De los costes ya ni hablamos.  

Sí, han leído bien, 2017. No sé si el fútbol admite estúpidas comparaciones arquitectónicas -supongo que sí, porque he oído referirse al futuro o futurible nuevo estadio como el Guggenheim del fútbol moderno-, pero lo que sí que sé es que el supuesto “campo más bonito de Europa” suma casi 5 años de retraso y toda una pandemia perdido en el olvido.

Porque desde que LaLiga se parara allá por marzo de 2020, hasta este mes de septiembre, el Madrid ha construido un nuevo estadio. Uno de verdad, donde se podrá hacer algo más que jugar al fútbol, aunque esa también es otra historia. Y claro, no es cosa de compararse con quien uno no debe, pero llama poderosamente la atención comprobar como en todos esos meses en Balaídos, con sólo la mitad de las gradas hechas de una reforma a medio hacer desde el principio, no hubiese una sola pala. Palas, qué curioso, que han vuelto al estadio al mismo tiempo que retorna la afición.

Eso es planificar y prevenir, eso es el futuro, eso es, sin duda, levantar el mejor estadio del mundo conocido, una nueva maravilla de la humanidad, como el Empire State. Maravilla incompleta todavía, claro. Pero aún estamos en 2021. ¿Quién dijo prisa? Mientras tanto dejamos titulares estridentes… y a vivir.