El Celta sólo tiene mala suerte

Construir un relato es una tarea menos difícil de lo que parece, lo complicado es que ese relato se sostenga ante la realidad, los datos o una mínima mirada crítica; un poco como Pocahontas, un poco como el nada que celebrar, un poco como que el Celta solo tiene mala suerte

Aproximadamente el 88% de la población mexicana tiene sangre indígena. Si uno cruza la frontera hacia el norte, en Estados Unidos la población con sangre nativa es del 1,7%, datos que pueden llevar a uno a pensar que los relatos como Pocahontas esconden medias verdades.

Esta semana el Celta y el celtismo borrego e institucionalizado ha vuelto a la excusa de los merecimientos; el resumen de esta manida teoría es que el equipo lo hace todo bien y luego la puntería, la mala suerte y los dioses del fútbol están en su contra.

Solo cuatro equipos de primera división han metido menos goles que el equipo celeste: 3 victorias en 11 partidos ante el vigésimo, el decimonoveno y el decimoséptimo de la tabla.

Ha pasado ya un cuarto de la competición y tan solo Dituro, el menos cacareado de los fichajes, ha mejorado, y de qué manera,  lo que había. Dituro y su rendimiento han terminado de tirar abajo el mantra de que la cantera todo lo puede en este club. Tras quince años de relato, 11 jornadas han bastado para que el meta argentino nos haya descubierto una nueva realidad, un portero profesional.

Con el resto de fichajes, quizás algo también con Dituro, tenía prejuicios. Pero esos prejuicios eran conocimientos sumados a la capacidad de reconocer patrones, y la incapacidad de Felipe Miñambres es ya un patrón.

Sospeché que Murillo volvería como en las otras ocasiones, cada vez un poco peor que la anterior. Nada queda del Murillo de 2019, fundamental en aquella lastimosa permanencia. De Galán temía que fuera un futbolista de Comunio, inútil para la vida real. Poco o nada esperamos de un brasileño veterano que nunca ha salido de Brasil y en ese poco esperar vemos a Radamel Falcao en Vallecas.

Lo de Cervi, Cervito, es la obra cumbre de Miñambres. El argentino, petición expresa del míster, no ha conseguido quitarle el puesto a un Nolito entrañable, pero en franca decadencia. Ni rápido ni lento, ni con desborde ni incisivo, cohibido y cobarde, con Cervi a poco que siga así la cosa nos ahorraremos el pago por incentivos en su traspaso.

Miñambres ha ido a Lisboa a fichar y no ha sido quién de pensar en que era poco común que el Benfica, club experto en exprimir negociaciones, soltase tan rápido y por una cantidad asumible una pieza; quizás la experiencia de Emre no fue suficiente. Miñambres, un incapaz, ni supo decirle al ‘Chacho’ que el que ficha es el club y que no ofrecía Franco Cervi las garantías que debería la inversión más importante del verano, ni supo extrañarse de las facilidades que le daban en Portugal.

Miñambres viene de Beltrán, Aidoo o Araujo, debe ser fulminado al terminar este curso, y su paso por el Celta debe ser un lastre en futuras entrevistas laborales.

En el México actual se culpa a Hernán Cortes y al descubrimiento de sus males, un país sumido en una guerra desigual contra el narcotráfico y presidido por un señor cuyos apellidos López y Obrador no inspiran una ascendencia azteca precisamente.

La prensa viguesa se enredaba esta semana ensalzando la histórica campaña que está firmando Santi Mina a la vez que se culpaba a la falta de puntería del mal inicio de campaña, como si la puntería fuese un ente, un dios al que hacer sacrificios para esperar que haga llover goles si se satisfacen sus demandas.

Santiago es el menor de los problemas del Celta, su nivel es el esperado, no, quizás el que nos venden aquellos que hablan ya de selección nacional para él, pero suficiente.

Y este es otro grave problema: a veces somos incapaces de verbalizar lo que muchos pensamos sobre algunos canteranos, por desgracia muchos no dan el nivel, una lástima porque nada más bello habría que un equipo de 11 jugadores crecidos en A  Madroa o Afouteza, con un sentimiento de pertenencia a la ciudad y al club intrínseco ya a su ADN. Pero el mundo real no es ese, se pueden ofrecer excusas de factores externos y tratar de obviar problemas no hablando sobre ellos, pero esos problemas no desaparecen.

México es, y fue y será uno de los países más grandes, bonitos y con mayores recursos y posibilidades del planeta. En el año 1800 no había mejor lugar en la tierra que México para vivir, por eso hay gente apellidada López Obrador o Mouriño entre las élites de la antigua tierra azteca.

Pero se enreda en polémicas, culpa a agentes externos y trata de evitar el problema más acuciante de su actualidad. Puede que la familia que posee al Celta haya tomado esa costumbre y evite hablar de jugadores importantes que se hacen mayores de una dirección deportiva inepta y de la gota malaya que supone el desapego de la masa social.

Construir un relato es una tarea menos difícil de lo que parece, lo complicado es que ese relato se sostenga ante la realidad, los datos o una mínima mirada crítica; un poco como Pocahontas, un poco como el nada que celebrar, un poco como que el Celta solo tiene mala suerte.