El Celta se humaniza

Aspas sufrió una posible rotura fibrilar en su pierna derecha. En los próximos días se le harán nuevas pruebas para determinar su alcance. Foto: RCCelta

Los de Coudet pierden en Valdebebas contra el Real Madrid en un duelo que se decidió en un suspiro: los treinta segundos que pasaron entre el mano a mano fallado por Iago ante Courtois y el 1-0 firmado en la contra por Lucas Vázquez

Fue un duelo en un suspiro; apenas dos parpadeos. El tiempo suficiente para que una balanza caiga de un lado o del contrario; para que una moneda que, girando a cámara súper lenta, parece que va a salir cara, salga cruz; para que todo lo malo que debe suceder, suceda. Un compendio de lo que es el fútbol en apenas treinta segundos.

La secuencia comienza con Nolito filtrando un pase medido a Iago, a la espalda de los centrales. Aspas -raro, aunque conviene no olvidar que los genios también se equivocan- controla relativamente mal para ser él. El balón sale escorado hacia su izquierda, y aún con todo, es un claro mano a mano ante la salida de Coutois. Intenta la cuchara, que se queda en cucharilla tras golpear medio mordido con su bota. Nacho salva a la altura del área pequeña, antes de que el balón alcance siquiera la frontera entre el éxtasis y el fracaso. Van cuatro minutos y medio de partido.

La contra se sucede como un trueno, rápida y sonora, y con una elevada dosis de sencillez en la respuesta. La pelota acaba en Asensio, escorado hacia la izquierda, que amaga el centro para volver a adelantarla antes de, por fin, soltar el cuero. Un movimiento fácil, de patio de colegio, que Araujo compra con demasiada ligereza. El balón, llovido, vuela hacia el segundo palo, donde Olaza cierra mal y Lucas Vázquez empuja de cabeza a la red. Uno a cero. Van cinco minutos de partido.

Así de maravilloso es este deporte. Y así de cruel también. Porque de ahí al final pocas cosas van a suceder, y la peor parte se la va a llevar siempre este Celta de Coudet, valiente pese a todo, dominador aun sin peligro, preso en la tela de araña tejida por Zidane, que hace que todo confluya en un terrible embudo hacia el centro de la cancha, donde Nacho y Varane ponen un lazo a cada duelo. Algunos seguirán diciendo que el francés es sólo un alineador. No lo es. Tampoco el ‘Chacho’, que pese a una derrota racional y que no hace si no humanizar de nuevo al Celta, tiene al equipo octavo con holgura. Cualquier lo firmaría hace no tanto.

Pero volvamos al relato de los hechos, a esa secuencia perversa que ya antes del descanso le cobró una amarilla a Tapia que le impedirá jugar contra el Villarreal el próximo viernes; que a la vuelta de vestuarios se llevó por delante a Iago en el 50′, con una lesión muscular por concretar; que tres minutos más tarde no quiso perdonar un error imperdonable de Murillo para que Asensio pusiese el dos a cero; y que en el 64′ decidió que el cuerpo de Nolito también dijese basta para ser sustituido por Baeza.

Éste es una de esas sorpresas agradables de la temporada, que gana en confianza con el paso de los partidos. Tuvo el gol de la honra en el último minuto del descuento, pero Nacho, una vez más, se cruzó en un tiro a bocajarro y sin portero, muestra de lo que, pese a todo, es este Celta. Un equipo valiente, que siempre va aunque ya no tenga mucho que ofrecer. También pudo costarle el tercero, pero Benzemá hoy estaba de gato y no de perro. Al final, derrota que duele más por el temor a lo que pueda ser de Iago que por tres puntos perdidos que, en Madrid, y aun con el ‘Chacho’, entran dentro de la lógica. Toca esperar y confiar… Que no sea nada, Iago, que no sea nada…