El Celta reina en el VAR

Solari celebra el cuarto gol celeste. Foto: LaLiga

Los del ‘Chacho’ ganan dos a cuatro al Villarreal en un partido marcado por las decisiones arbitrales y mantienen, de fondo, el sueño europeo  

La tarde, preámbulo de lo intangible que estaba por venir, alternaba pedacitos de sol con cortinas de lluvia torrencial. De fondo, como siempre, como todo el año, gradas vacías, repletas de cemento. Un escenario mejorable, como mejorable es todo lo que sucede en este fútbol a cámara lenta, cargado de instantes absurdos revisables, de caos y de añoranza; de la añoranza del deporte más simple del mundo que algunos, parece, se empeñan en destrozar. En ese desconcierto reinó el Celta, descerrajando una goleada que apura el sueño imposible de esa Europa menor y novedosa, la Conference League. Al final dos a cuatro, con más jugadas revisadas que goles anotados. Difícil pero cierto.

Porque mucho antes de que llegase la satisfacción de la victoria, sucedieron muchas cosas. Casis todas en un primer tiempo que resultó ser una caricatura excesiva del fútbol moderno, de esas que escupe un artista de alma atormentada que acaban por arrojar un rostro de nariz aguileña y ojeras profundas y demacradas, como dos pozos negros de maldad. Pero realista a fin de cuentas.

El espectáculo corrió a cargo de Medié Jiménez, desde el césped, y de González Fuertes desde la sala VOR, que orquestaron, con sus aciertos y sus errores que omitiremos discutir, un primer acto que se fue hasta los 52 minutos. Tiempos modernos, tiempos de VAR, en los que todo se revisa para dirimir la inmediatez, la causa y la consecuencia de cada acción.

Como en el primer tanto celeste, donde Nolito hizo de Nolito y tiró de picaresca tras ser arrollado en el inicio de la jugada. Desde el suelo trabó con su sobaco la bota de Trigueros, que puso mucho de su parte en la función. En ese momento podía ser sancionable, faltita en un deporte de contacto. Pero faltita si se quiere. Treinta segundos después, cuando todo termina con un buen centro de Aarón que remacha de cabeza Santi Mina, carece de sentido volver sobre ese inicio, pues la pelota, condescendiente y ajena a las demoras tecnológicas, siguió su curso hasta la red entre idas y venidas.

Tras dos minutos de imágenes de VAR, Medié Jiménez concedió el tanto. Sin embargo, así es este Celta en el que debutaba el canterano Carlos Domínguez en el eje de la zaga, poco duró la alegría en los del ‘Chacho’. A los 6 minutos, en el 25 del primer tiempo, una buena jugada de Rubén Peña mal defendida por el Celta concluyó con el empate, también de cabeza de Moi Gómez.

No se descompuso el Celta, sin embargo, que encontró premio a su insistencia en un controvertido penalti. Fue a la salida de un córner. Despejó Funes Mori de cabeza, y Asenjo, que llegaba con los puños para hacer lo que hizo su central, acabó chocando con Mallo. El árbitro, para alegría celeste, lo tuvo claro. Tanto como Mina en la ejecución de la pena máxima.

Luego aún llegaría una entrada calamitosa de Araujo, roja directa en la función de Medié Jiménez; amarilla, por fortuna, en la de González Fuertes. Y en el 47, antes de alcanzar los vestuarios, el esperpento dibujó su última escena. Robo de Brais en la frontal, falta señalada por Jiménez, penalti decretado por González. La pierna de Capoue estaba sobre la línea. El propio Brais mandó el choque a vestuarios 1 a 3.

En la reanudación agitó Emery el árbol, en la búsqueda de alguna manzana perdida y ya madura que pudiese devolverlo hacia el partido. Entraron los dos Moreno, Alberto y Gerard, pero lo que sucedió fue una magnífica contra de los del ‘Chacho’, que finalizó con un buen centro atrás de Aarón rematado por Solari, al primer toque, desde la frontal.

De ahí hasta el final, poco acontece. Apenas un segundo tanto del Villareal en un penalti pitado desde el VAR por mano, codo o lo que sea de Kevin Vázquez, y anotado por Gerard Moreno. El Celta duerme el partido, cómodo y soñador, con tres centrales y otro medio centro, y se acuesta octavo, a cinco puntos del Villarreal, a cuatro del Betis, éste con un partido menos. Quién sabe. Europa es como las meigas, habelas hailas. O caso é dar con elas. Y todo esto, hoy, sin Iago. Ojo.