El Celta encuentra la luz entre tinieblas

Iago Aspas celebra un gol. Foto: LaLiga

Los del ‘Chacho’ suman ante el Levante la primera victoria del año en un duelo espeso resuelto por Iago Aspas y Brais Méndez con dos buenas contras peleadas por Santi Mina

Cuenta Eduardo Galeano en su ‘Fútbol a sol y sombra” que un periodista inocente preguntó a la teóloga alemana Dorothee Sölle cómo explicaría a un niño qué es la felicidad. “No se lo explicaría, le tiraría una pelota para que jugara”. El fútbol profesional suma décadas queriendo castrar esa alegría casi infantil, ese gusto por el juego tan inocente, ese sentir del hincha esperanzado, que acude una vez más a la liturgia -pagana en este caso de martes noche- con la certeza de reencontrarse con su equipo, de volver a paladear la victoria ya olvidada.

Todo lo olvida, todo lo perdona, hasta que, a los 15 minutos, esa pelota que echó a rodar para recordarle lo que era la felicidad, le recuerda en lo que se ha convertido su equipo. En casi la nada, en el vacío más absoluto. Un duelo, el de Levante y Celta, entre dos conjuntos que, olvidados de ganar, se han olvidado de sí mismos. Los locales sumaban cuatro empates y una derrota; los visitantes, cuatro derrotas y un empate.  

Frente a esto, de poco sirve de inicio mover en los banquillos. Lo hace el Chacho buscando en Beltrán lo que no acaba de dar Denis, quién sabe si llevado por los demonios o el olvido de esa guerra estúpida presidencial por un niño de once años; o dando la banda izquierda un día más a Cervi, que es extremo pero no extrema los regates. Tal vez por eso cede su sitio a Nolito en el descanso.

Antes, con la pelota rodando sin atisbos de alegría, transcurre el primer tiempo, en el que pesan más el miedo a no perder que la necesidad de la victoria. Y pese a todo, la tiene el Celta en el 35, tras robo de Beltrán, o pérdida impensable de Radoja. La pelota le cae franca a Iago, con tiempo para pensar, tanto que termina dejándose pillar por el propio Radoja, que corta el tiro raso.

Y en esa simple acción, en ese robo, en ese uy desesperante, muere y se resume un primer tiempo casi infame. Táctico, llegarán algunos a afirmar. El hincha, sin embargo, busca la felicidad en ese ir y venir de la pelota. Y el Celta del Chacho se ha dejado la alegría en el verano, en algún lugar por encontrar.   

A la vuelta del túnel salen más ambiciosos los celestes, tal vez acuciados por ese pasado reciente y más brillante. Sin embargo, el equipo es como la manta de la siesta: si se tapa la nariz se descubre los pies. Y así, en el 51, Roger la tiene sólo en el área pequeña para castigar a los del Chacho. Inexplicablemente y por fortuna, el empacho en el golpeo expulsa la pelota hasta la grada ante la mirada atónito de Dituro.

Sin embargo, de modo inesperado, todo cambia. Una pérdida de Róber Pier acaba en las botas de Mina, que conduce acalorado, con Iago abierto a su derecha, al que cede, en el último instante de suplicio, la pelota. El diez, esta vez sí, no duda y ejecuta al primer toque, rasa, abierta, con rosquita buscando el palo largo. Cero a uno y a soñar…

Al menos mientras que lo permita Figueroa Vázquez, el de amarillo, que para recordar al del Celta de donde viene y a dónde puede ir, se inventa un penalti con recochineo. Penalti, porque toca el silbato antes de tiempo; recochineo, porque pese a ser advertido por el VAR de que allí no había mano posible de Aspas, acude a la tele para mantenerse en el error. El orgullo, sin duda, es una condición predominante en el ser humano, más, si cabe, entre los árbitros.

Mientras tanto, lo único claro de la acción es que el VAR es el modo que ha encontrado este negocio de robarte sin ensuciarse. Eso, y que Dituro es un mago de 11 metros, capaz de detener la tercera pena máxima de las que cuatro que le han ejecutado en sólo cinco jornadas.

De ahí hasta el final sobrevive el Celta sin agobios, hasta que en el 84′ otra pelea de Santi termina con el balón en las botas de Brais, que hace una bicicleta, recorta con la izquierda y resuelve con la derecha. Un buen gol para cerrar la primera victoria de la temporada en un duelo espeso en el que los del ‘Chacho’ encontraron la luz a tiempo, pese a todas las tinieblas. Cuatro puntos en seis jornadas para comenzar a respirar.