Los vigueses pasan de la ilusión del retorno a los fantasmas de segunda en apenas 24 horas
Los pupilos de Óscar García afrontan las 10 últimas jornadas en mejor posición que el año pasado: entonces, sumaban un punto menos que ahora y se encontraban a 4 de la salvación
«Somos porque ganamos. Si perdemos, dejamos de ser». Eduardo Galeano resume perfectamente lo que le ha sucedido al Celta de Óscar García en apenas 24 horas. Las que transcurren de la ilusión del retorno -«Volver es ganar» y demás emblemas que elevan la moral y matan el tiempo- a la realidad de la competición.
El Celta sigue fuera de descenso, pero ha dejado de ser. Ha dejado de ser ese equipo bien armado, capaz de dejar la puerta a cero, para encajar un gol en el 91 después de haber hecho de Rubén el hombre de la tarde. Ha dejado de ser el conjunto que sumaba cinco jornadas sin caer, visita al Bernabéu de por medio, para adentrarse en el mar de dudas que arrojan la derrota y el fútbol transmitido. Ha dejado de ser el equipo que superó el Tourmalet con nota para transformarse en una escuadra dubitativa que mira sin pudor hacia Segunda. Ha dejado de ser la obra de autor de García Junyent, que en ese dejar de ser se ha convertido en lo que nunca fue: un hombre que busca el resultado.
Pero vayamos por partes. La realidad es que hay tiempo todavía para volver a ser. Faltan 10 jornadas para el final del campeonato, y el Celta las afronta mejor que en la última campaña. Entonces, el equipo sumaba un punto menos que ahora (25 frente a los 26 actuales), pero transitaba por los puertos de descenso, a cuatro de la salvación. Esa línea tan real como simbólica que destroza voluntades y entierra héroes, y que hace un año marcaba, paradójico, el mismo Villarreal que ayer devolvió al Celta a sus temores. A la posibilidad de descender en el año de la ilusión, de Denis, de Rafinha, de Santi, que venían a sumarse a Iago y compañía. Los tropiezos de Leganés y Mallorca ayer permiten que la línea continúe por debajo. Apenas un soplo, pero por debajo.
Nunca el Celta había sido tan vigués, y tal vez por eso tampoco nunca había resultado tan contradictorio. Con toda esa artillería de vuelta a casa, apenas 22 goles a favor. El equipo menos goleador de la categoría junto al Leganés. Pero los de Aguirre, claro, han sido despojados de sus mitos por los típicos villanos: Braithwaite se fue al Barcelona y En-Nesyri puso rumbo hacia Sevilla. Ambos hicieron las maletas en invierno, sin derramar demasiadas lágrmias. A Vigo llegó Smolov, que por ahora ha aportado un gol en el Bernabeu.
Lo que sí que ha mejorado, y mucho, con respecto al año pasado, son los goles recibidos. 35 frente a 47. Sólo el Valladolid (34) ha encajado menos de la mitad de la tabla para abajo. Esta solidez defensiva parece la baza sobre la que Óscar García ha decidido edificar la permanencia. El tiempo dará o quitará razones. En cualquier caso, conviene volver a ser lo antes posible.

