Vecinos de la zona lamentan un nuevo episodio de abandono en materias de seguridad y mantenimiento
Acumulan ya cuatro noches sin alumbrado público tras el robo del cableado: «Es una sensación de inseguridad y abandono tremendo» lamenta uno de los vecinos
En un preocupante incidente, el cableado utilizado para el alumbrado público en el Barrio de Ribadavia, a escasos metros de la nueva Ciudad de la Justicia, ha sido robado, sumiendo a los vecinos de la zona en la oscuridad literal y metafóricamente. La falta de iluminación ha generado no solo una sensación de inseguridad, sino también una profunda indignación entre los residentes, quienes han expresado su frustración por el abandono al que se sienten sometidos por parte del ayuntamiento.
El robo del cableado ha dejado a las calles del barrio sumidas en la penumbra durante las últimas noches, creando un ambiente propicio para actividades delictivas y aumentando el temor entre los residentes. Muchos vecinos se quejan de que esta no es la primera vez que enfrentan problemas de seguridad y mantenimiento en la zona, y sienten que las autoridades locales no están haciendo lo suficiente para abordar estos problemas críticos.
«Es inaceptable que pase esto y se tarde tanto en solucionar el problema. Es una sensación de inseguridad y abandono tremendo», señala uno de los vecinos de la zona. «La falta de iluminación no solo es peligrosa, sino que también afecta nuestra calidad de vida», comenta otro residente del barrio.
Los vecinos han estado expresando su frustración llamando en numerosas ocasiones a la empresa responsable del mantenimiento. Esta, ya les ha comunicado que tras el robo, se debe dilucidar quien se hará responsable: «o la aseguradora, o la empresa o el Concello». Mientras lo vecinos lamentan que el proceso se siga alargando y exigen medidas inmediatas para restaurar la iluminación en el barrio y aumentar la seguridad en la zona. «Los que han robado esto, es probable que lo vuelvan a hacer. Espero que se tomen medidas de seguridad para no que vuelva a pasar», sentencia otro vecino mientras hablan en un corrillo a la luz de los teléfonos móviles.


