Dos pinceladas que valen tres puntos y una entrada

Mallo -con un aparatoso vendaje- y Mina celebran el primer gol. Foto: LaLiga.

El Celta supera a Osasuna por dos goles a cero gracias a dos bellas jugadas colectivas culminadas por Hugo Mallo y Santi Mina  

Avanza aburrida la tarde fría de invierno, casi soporífera, deslizándose hacia el final de la jornada, ese momento en el que la oscuridad devora las últimas sombras provocadas por el sol que ya se duerme. Y todo lo que ilumina el momento es la luz artificial de Balaídos sobre la liturgia pagana de Tebas, la liga de los miércoles a las siete de la tarde, del horario de pachanga de amigos, del Celta – Osasuna, antes de la Copa, después de la Supercopa, el fútbol de los hinchas.

Esos mismos que asisten atónitos a un primer cuarto de partido preocupante, en manos de Osasuna, que alcanza un ‘uy’ antes del minuto dos a un centro lateral peinado que no caza Budimir. Sí que caza el delantero la siguiente, otro centro de Nacho Vidal en el que anticipa a Aidoo para colocar la pelota en el larguero.

No mejora el Celta, con el mismo diagnóstico que hace unos días, contra la Real o contra el Atlético Baleares, que se llevó por delante otro sueño copero, otra ilusión perdida. Hasta que de repente, en el 26′, se descorcha, de modo inesperado, la tapa del talento. Inicia y termina Mallo, que suelta para Brais, que cuelga al área por donde aparece el nuevo Cervi -ese que llegó a casa por Navidad-, que deja al primer toque para la irrupción del capitán, que tras descargar en el inicio tira una diagonal hacia la media luna del área, donde culmina la jugada con una bolea de zurda que no acierta a despertar Sergio Herrera.

Uno a cero. Y de repente el Celta vuela, crece, cree, empuja, combina y hasta se gusta. Escenario en el que surge otra jugada llena de talento, con Galán dejando para Denis, antesala de un taconazo inopinado del de Salceda que permite a Iago ganar la línea de fondo, apurar el campo, levantar la vista y ceder a Santi Mina, que llega al corazón del área pequeña para empujar el dos a cero.

Son las ocho menos cuarto de esa misma tarde fría de invierno, que ya no es aburrida porque el Celta va ganando con dos detalles que justifican una entrada. Tal vez por eso, a la vuelta de vestuarios, la hinchada canta y apoya pese al empujón de Osasuna, que vuelve a la carga sin poder o sin saber, y que permite al conjunto local demostrar, demostrarse, que, si se quiere, también se puede ser aplicado.

Se atrinchera el Celta de modo inteligente, dando a entrada a Renato por Denis, y oxigenando luego el tercio ofensivo del ataque con la entrada de Solari y Galhardo por Brais y Mina. Poco a poco se abren los espacios, y se acercan los del Chacho en cada contra. En el otro lado, Osasuna sigue sin encontrar la forma, y el partido se aproxima a su final, a su destino, dejando a los de Vigo nueve puntos por encima del descenso, a cinco de Europa. Tierra de nadie, pero tierra tranquila a fin de cuentas.