Diario de un padre de familia confinado: Día 67

Día 67 del año 1 después de Covid

Tirar del carro

Hace tiempo que la indecisión se presenta cada vez que escribo el número de la jornada. Lo que antes era algo rutinario se ha convertido en un mar de dudas encrespado entre las olas de los días que viene y que van. Envueltos en el tedio, escupidos por la melancolía, arrasados por la reiteración. 67. Casi 10 semanas después de aquel 15 de marzo, jamás pensé que seguiría aquí, perdido entre estas líneas, contando mis vivencias si es que todavía queda alguna. Porque las paredes, en la eterna repetición de cada día, parece que se achican y se estrechan.

Hoy hemos empezado encabronados. Al menos Andrés, entre problemas de matemáticas que no quería resolver. ‘No entiendo esto, papá’. Se le notaba demasiado la mentira en el pequeño brillo que asomaba al fondo de los ojo. No lo había ni leído. En cuanto, lo hizo, saltó directo a la solución, sin cubrir la parte intermedia, lo cual no está nada mal para no entender nada de salida. La verdad es que es un enfermo de las matemáticas. En la línea del padrino, que es matemático de profesión. Sí, todavía quedan. Todos tenemos uno en la familia. No lo nieguen.

Macarena ya se basta por si sola. Un teléfono, una o dos fichas que haya que imprimir, y ataca en solitario la jornada. De clase en clase. Luego hace fotos y sube el resultado a Google Classroom. “Papá, sólo yo envío las tareas sin ayuda”. “Muy bien, hija. Es lo que tiene ser la mayor de cuatro hermanos; hay que tirar del carro”. 

Y así pasan las mañanas. Mucho más productivas para mí que hace 67 días. Entonces viabaja en un barco a la deriva. Ahora, aún confinado, sostengo el timón entre las manos. No tengo claro si aparecerá una roca capaz de rajar cualquier casco de un bote mal parido. Pero al menos tengo la sensación de gobernar. Algo. No sé el qué. Pero gobierno.      

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