Diario de un padre de familia confinado: Día 51

Día 51 del año 1 después de Covid 

La vida en un suspiro  

Ha sido un día extraño, como el clima que acompaña cada hora. A ratos sale el sol, más tarde el diluvio se lleva por delante cualquier rayo. Y mientras tanto, la vida sigue. ¡Y a qué velocidad! Mi mujer me manda un ‘pantallazo’ de un mensaje enviado por Macarena al chat de clase. “I love you. Mua mua mua mua. Habéis ganado el premio a las mejores amigas del mundo”. Todo bien aderezado por una ristra de ‘emojis’ y un toque puntual de faltas de ortografía propias de la edad. Apenas 8 años… y se me va escurriendo entre las manos, más cerca casi de la adolescencia que de aquel bebé recién nacido.  

El tiempo alcanza el peso de un abismo, con toda su etérea magnitud. Porque les juro que fue ayer cuando nació. En el antiguo Xeral, ese cubo gigante y desestructurado, hoy ya futura Ciudad de la Justicia, que fue anexando nuevas formas geométricas para dar servicio a los vecinos. Recuerdo, cómo no, que ese día había Champions: un intrascendente Real Madrid – CSKA de Moscú. En el fondo, una vía de escape en la que enterrar el pensamiento cada vez que los agobios de un padre primerizo trataban de aflorar.   

Las horas pasaron en el tiempo de un jadeo. Caro rompió aguas. Las primeras contracciones. La inquietante espera. La dilatación. La epidural como antesala de un parto ya cercano. La oxitocina. Y un paritorio verde agua, de esos que evocan otra época, en el que me adentré hipnotizado, sin saber todavía que todo cambiaba para siempre. 

La primera impresión fue una sacudida de realismo: un ‘mini yo’ que apenas lograba despuntar manos y pies entre el pedacito de tela que la protegía de este mundo. Por fortuna, con el tiempo han triunfado los genes de la madre, y aquella criatura diminuta, ensangrentada y llorosa, ha mejorado con creces al autor de este diario.  

Pero insisto, les juro que fue ayer… Y hoy escribe mensajes medio ‘pubers’, igual de adorable, pero hecha ya mujer en un instante. Capaz de seguir las clases con un móvil, de cocinar, de prestar atención a tu lectura o de poner un lavaplatos sin que nadie se lo pida. Alguien que te recuerda que esta vida pasa tan rápido, que no vale la pena dejar de disfrutarla ni un segundo. Tampoco en tiempos del Covid.