Día 49 del año 1 después de Covid
5 euros o el futuro del capitalismo
Una mirada fugaz al reloj bastó para comprender que, por unas horas, la vida había sido quien de esfumarse entre risas y diretes. Eran casi las dos de la madrugada, y los cascos de cerveza apilados sobre el fregadero bastaban para comprender que todo había sucedido muy deprisa. Con la rapidez propia de quien recupera la alegría a cada trago. Despedimos el zoom y volvimos a abrazar la realidad.
Eso fue ayer, con mis cuñados. Hoy toca afrontar el día 49. El primero con un atisbo de normalidad para miles de deportistas frustrados o convencidos que, a las seis de la mañana, le han quitado la persiana al cielo para sudar en libertad.
Al mediodía me he acercado a comprar pan. Un metacrilato impoluto, con una mezcla de olor a nuevo y a lejía, marcaba la frontera social de aquel espacio. A un lado, la confitera, mascarilla y guantes recordando que el covid podía estar allí, en cualquier lado, incluso en esa mampara de plástico estrenada. Al otro, los clientes; dos metros de distancia a cada extremo. La ‘nueva normalidad’.
Por la tarde ha dejado de llover. He sesteado un poco en el sofá mientras que el presidente seguía divagando en las respuestas, con la esperanza, tal vez, de dotar de sentido a muchas cosas. Ahora luce el sol; unos rayos que despuntan entre las nubes cargadas que se resisten a perder su posición. Mientras tanto, Macarena y Andrés ejercen de profesores de Pedro. Éste se resiste a la disciplina de las clases; hace que hace, pero no hace. Así que hemos optado por matar dos pájaros de un tiro: ocupar a los mayores para que formen al pequeño.
Al final han estado casi tres horas dando clase. “Papá, le hemos enseñado lengua, matemáticas e inglés”. ¿El secreto? La promesa de una paga mensual de 5 euros. No se preocupen, el capitalismo todavía no corre peligro. O sí.

