Diario de un padre de familia confinado: Día 44

Día 44 del año 1 después de Covid 

Lunes amargo  

Inicio el asalto hacia la séptima semana de aislamiento. Y lo hago envenenado. Bastante tiene uno ya con las clases, los chismes y la angustia, como para que le tomen por tonto. La factura del agua me hace pensar que sirven oro. Pero abro el grifo y el líquido sigue transparente. O casi. Tal vez tienda un poco al amarillo; pero es un amarillo sucio, nada noble, muy digno a veces de este Vigo. Recuerden aquella maravillosa sequía no tan lejana…  

Llamo. La compañía afirma que todo está bien, cómo no, aunque todavía tienen 500 euros míos de fianza desde hace cosa de 6 meses. Eso lo desconocen. La señorita atiende en una nube, desde la nube, frases monótonas y monotemáticas, de quien se tiene el guion bien aprendido. Cosa de los monopolios, una especie de dictadura camuflada en la que tragas… o tragas. Porque al final, bebes… o bebes.   

Todo esto, ya se imaginan, se lo he explicado a la señora. Con más o menos cariño. 44 días confinado dan para detallar hasta las gotas. La recomendación ha sido ir a la oficina. Sobran las palabras.  

Mejor cambiar de tema. Hay compañías y personas que no merecen ni el tiempo de un suspiro, aunque uno se deja llevar por la amargura. Resulta tan humano… Por lo demás, el día ha transcurrido ya torcido, como esas líneas infantiles que buscan seguir los puntos mientras se alejan temblorosas hacia abajo.  

Las clases online van mejorando. Macarena se ha adaptado a mi viejo móvil -algo muy propio de una nativa digital- y ya es capaz de navegar por él al tiempo que escribe libros y cuadernos. Alterna ejercicios con lecturas, páginas con pantallas, conexiones con Meet con desconexiones de recreo… Y así ha pasado la mañana medio sola.  

Pedro también tenía su ración de Google Meet, pero me confieso vencido y escapado. Con cuatro hijos, uno no está para más de una cita virtual a la jornada. Programas ejercicios, calendarios y clases; saltas de tu Wi-Fi a la de la impresora para sacer hojas y tareas; revisas tus escritos y corriges los de ellos mientras haces unas fotos que luego adjuntas: tarea completada. Pero dos Google Meet simultáneos sí que no. Lo siento. Disculpen a un humano. 

Y así vamos llegando al final de este lunes torcido. Lo bueno de estos días, como ya saben, es que sólo duran 24 horas. Mañana será martes, cerca ya de la mitad de la semana. A fin de cuentas, el viernes es festivo. Esta vez sin manifestaciones, claro está. Intentaré recuperar el optimismo. Con el grifo bien cerrado, por supuesto. No vaya a ser.