Día 43 del año 1 después de Covid
La vuelta al mundo
Y por fin llegó el día. El largo domingo de niños anunciado hace ya más de una semana. 26 de abril de 2020. Nos hemos echado a la calle en dos grupos de a tres, para cumplir con las normas dadas por el Ministerio de Sanidad. Con todo lo que costó fijarlas, por lo menos intentar seguirlas al dedillo. Hacia las seis, cuando el sol comparte espacio con las nubes perezosas que permanecen en el cielo entre bostezos, hemos abierto la puerta. Una hora de reloj en un paseo gigantesco por Bembrive. “Papá, parece que estamos dando la vuelta al mundo”, exclama Andrés.
Y no le falta razón. Hoy he pisado caminos de los que ignoraba su existencia. Bulevares melancólicos con aceras carcomidas por el tiempo; cañadas escondidas entre robles, que siempre han estado ahí y que sólo ahora he contemplado; el puente que cruza la A-55, convertida en una carretera fantasma capaz de escucharse hasta a sí misma; veredas sin arcén con vecinos que saludan escondidos detrás de máscaras anónimas. El rural de Vigo abrasada por la vida en cuarentena.
En definitiva, una pequeña aproximación a la nueva normalidad, esa expresión tan maravillosa que nos hemos inventado para definir lo extraordinario; la anormalidad que tenemos por delante; la desescalada hacia los nuestros -padres, amigos, familiares, compañeros…-, a los que no podremos recibir con un abrazo de esos que te parten el pecho entre dos golpes. Lo haremos cautelosos, a metro y medio de distancia, la mitad del rostro robado por caretas y el jabón esperando en el retrete.
Mientras tanto, nos quedan los paseos y los chats. Hoy me he reencontrado con un grupo de amigos de la Universidad de Vigo. Gente extraordinaria con la que pasé tres años también extraordinarios antes de emprender mi viaje hacia Pamplona. La vida, tajo a tajo, nos ha llevado a cada uno por su ruta. Pero ahí estábamos, compartiendo un trozo de pantalla poco después del café de sobremesa. Risas, anécdotas, humor, alguna queja y mucha, muchísima salud. Y que dure. Y mientras tanto, que los niños nos saquen de paseo. Ya me entienden.

