Diario de un padre de familia confinado: Día 42

Día 42 del año 1 después de Covid 

Pete Kostelnick 

El bueno de Pete Kostelnick se pasó más de 42 días corriendo para cruzar los Estados Unidos de América. De cabo a rabo. Del Océano Pacífico al Atlántico. De San Francisco a Nueva York. Casi 5.000 kilómetros de distancia a una media de 115 por jornada. Una aventura magnética e inolvidable. Un reto descomunal que el propio protagonista defendía que había sido más mental que físico. Piensen en el bueno de Pete cuando se sientan carentes de cualquier tipo de esperanza. Mucho peor hubiese sido pasarse estas seis semanas en movimiento. Al menos para mí. Es más gratificante, ya saben, salvar el mundo en el sofá. 

A los pies de las escaleras del Ayuntamiento de Nueva York, a Kostelnick le esperaba una marabunta de fans, un premio y una camiseta de Forrest Gump. La realidad había vuelto a devorar a la ficción. Aunque Forrest es Forrest y es más sabio que muchos de nosotros; dónde va a parar: “El mundo es como una caja de bombones; nunca sabes lo que te va a tocar”.  

Y así es. Hoy es sábado, llevamos 42 días de cuarentena –esta expresión es cuando menos contradictoria-, y nos toca otra rueda de prensa de Pedro Sánchez para cerrar el día. Espero que no haya más cambios con los niños. Porque en apenas 7 días, desde la anterior exhibición del presidente, hemos pasado por salidas controlados; por afirmaciones grotescas de que los niños ya podían salir antes; por no tener clara la edad o por plantear sus paseos al súper, al banco y a la farmacia. Hemos fijado la edad de corte en los 12, en los 14 y ahora en 13. Hemos transitado de uno a tres niños por adulto; de no llevar nada a poder salir en bicicleta. Y hemos aprendido con un fervor casi cercano a la locura todo lo que queda a un kilómetro de diámetro de nuestro hogar. Me pregunto si la policía lo tendrá tan claro… 

Una auténtica montaña rusa de emociones sólo para organizar la salida de los críos. Imagínense cómo será cuando debamos planear la de los adultos. En fin, lo dicho, que “el mundo es como una caja de bombones; nunca sabes lo que te va a tocar”. Y menos en mitad de una pandemia.