Diario de un padre de familia confinado: Día 35

Día 35 del año 1 después de Covid 

Silencio y mascarillas  

Un día menos para la libertad condicional y condicionada. Un sábado de una primavera por romper con poco más que destacar que una incursión hasta el supermercado. En el rural de Vigo, a las tres y media de la tarde, sólo se escucha el leve roce de las ramas caducas por el suelo, el susurro de una hoja sobre el asfalto. Si uno presta atención y agudiza los oídos, puede incluso intuir el crepitar del sol recién salido. Aunque ese es un sonido devorado de silencios. 

En el súper, a esas horas, cuatro o cinco clientes. El alcohol desinfectante y los guantes incrementan esa extraña sensación que te ha invadido cuando ibas. Las empleadas tienen mascarilla. Todo limpio y ordenado. Todo extraño al mismo tiempo. Coges las dos o tres cosas que ten han conducido hasta allí y pagas. Dos metros de distancia, por supuesto. Hasta luego, buenas tardes.  

A la vuelta, bajo el peso de una bolsa en cada mano, se acrecienta la victoria del silencio. Allá lejos escuchas las copas vencidas de los eucaliptos. Más cerca, la A-55 es una desesperante línea cargada hasta las cejas de soledad. Un coche en cinco minutos de paseo.  

Llega a casa y sigues el dichoso protocolo, aunque desconoces si está bien, mal o regular. Definitivamente, te ha invadido una sensación de extrañeza, de fluctuar en un tiempo y un espacio casi ajenos. Juegas con los niños y tratas de evadirte en la lectura. No puedes. Sigues pensando en esa ciudad fantasma de un sábado perfecto en otra época. Hoy no. Hoy sólo hay silencio y mascarillas.