Diario de un padre de familia confinado: Día 15

Día 15 del año 1 después de Covid 

El ecuador 

Día 15 de confinamiento. En teoría, la mitad. El tradicional paso del Ecuador, cuando una embarcación cruza la línea etérea e invisible que separa el Norte del Sur; que divide la cálida primavera de un otoño por vivir; que secciona un invierno crudo y solitario de un verano entre cálido y bochornoso. Depende de dónde venga y hacia dónde vaya, y en qué época del año. También recibe la visita del Rey Neptuno, que demanda pleitesía a los marineros infieles; aquellos que nunca han enfrentado el paralelo cero.  

Este ecuador resulta mucho más patético. Para que nos vamos a engañar. El del ser humano privado de sentido, que alcanza la mitad de su locura, y vislumbra temoroso la otra media. Llenamos el tiempo con llamadas, conferencias, con Netflix, con periódicos, con libros, con una siesta mal echada, con algún exabrupto involuntario, con ejercicio, con comidas, con familia… Buscamos la normalidad en mitad de la más absoluta anormalidad. Esa que nos impide ser sociales.   

Y aquí seguimos. Descontando las hojas del calendario, que caen con una demencial lentitud, como pesadas losas de hormigón, y retumban crueles y secas cuando la noche nos alanza. Un día más; un día menos. 

Un buen día a fin de cuentas. Pedrito ha cumplido cuatro años y lo hemos celebrado por todo lo alto. Nos hemos hinchado a comer chuches, y donuts, y napolitanas, y bolitas de queso, y pelotazos, y una tarta de chocolate coronada por una deliciosa bota también de chocolate, en este caso dorado. Todo muy guarro y menos sano, pero cargado de felicidad. De esa alegría infantil que te desborda y que te hace mandar al carajo la tristeza provocada por el Covid.  

Porque no lo duden, nuestros hijos serán tremendamente felices, como lo hemos sido y lo seguiremos siendo nosotros. No se dejen afligir por este bicho. Es pasajero. Y si no, hablen con sus abuelos: la guerra civil, la segunda guerra mundial, las bombas atómicas, Chernóbil, Vietnam… son alguno de los relatos de su historia. Así que tengamos fe y miremos hacia adelante confiados. Atrás hemos dejado el ecuador.  

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